martes, 29 de junio de 2010

ArtSalud IV- André Vera - Manuel Márquez Rodríguez


SOLOS

Estamos solos
como la una,
cuando la una
solo es la una.

Hemos de
acostumbrarnos
a vivirnos así.

A morirnos
jamás lo haremos,
porque sólo
será una vez,
y nos durará
muy poco.




Del poemario de Manuel Márquez El zurrón del sibarita.

sábado, 26 de junio de 2010

Poesía en lugares insospechados (II). El peregrino.


El Peregrino

Caminar con rumbo fijo
Pisando firme el sendero
Que por Mayo se engalana
Con los cantes de mi puedo
Soñar despierto con Ella
Y por Ella entre romeros
Encontrar en la Marisma
La puerta misma del Cielo
El que siga este destino
Vaya andando o a caballo
Es por siempre el peregrino
Enrique Casellas

Ya que has tenido la suerte
De en Sevilla haber "nacío"
Aprende por Dios a amarla
Y no oses a criticarla
Sin haberla "conocío"
Antonio Marín

Si por andar y desandar caminos
Crees sentirte un peregrino
Pienso que te equivocas, buen amigo
Has de tener un destino
Si no, ¿De qué vale tu camino?
Víctor M. Tovar


Si en tu camino te topas con estos versos has de saber que has llegado a un lugar que me es muy querido.

viernes, 25 de junio de 2010

Solo para fumadores (2).

Continuo el relato de Julio Ramón Ribeiro.

Los escritores, por lo general, han sido y son grandes fumadores. Pero es curioso que no hayan escrito libros sobre el vicio del cigarrillo, como sí han escrito sobre el juego, la droga o el alcohol. ¿Dónde están el Dostoiewsky, el De Quincey o el Malcolm Lowry del cigarrillo? La primera referencia literaria al tabaco que conozco data del siglo XVII y figura en el Don Juan de Moliere. La obra arranca con esta frase: "Diga lo que diga Aristóteles y toda la filosofía, no hay nada comparable al tabaco... Quien vive sin tabaco, no merece vivir". Ignoro si Moliere era fumador -si bien en esa época el tabaco se aspiraba por la nariz o se mascaba-, pero esa frase me ha parecido siempre precursora y profunda, digna de ser tomada como divisa por los fumadores. Los grandes novelistas del siglo XIX -Balzac, Dickens, Tolstoi- ignoraron por completo el problema del tabaquismo y ninguno de sus cientos de personajes, por lo que recuerdo, tuvieron algo que ver con el cigarrillo. Para encontrar referencias literarias a este vicio hay que llegar al siglo XX. En La montaña mágica, Thomas Mann pone en labios de su héroe, Hans Castorp, estas palabras: "No comprendo cómo se puede vivir sin fumar... Cuando me despierto me alegra saber que podré fumar durante el día y cuando como tengo el mismo presentimiento. Sí, puedo decir que como para fumar... Un día sin tabaco sería el colmo del aburrimiento, sería para mí un día absolutamente vacío e insípido y si por la mañana tuviese que decirme hoy no puedo fumar creo que no tendría el valor para levantarme". La observación me parece muy penetrante y revela que Thomas Mann debió ser un fumador encarnizado, lo que no le impidió vivir hasta los ochenta años. Pero el único escritor que ha tratado el tema del cigarrillo extensamente, con una agudeza y un humor insuperables, es Italo Svevo, quien le dedica treinta páginas magistrales en su novela La conciencia de Zeno. Después de él no veo nada digno de citarse, salvo una frase en el diario de André Gide, que también murió octogenario y fumando: "Escribir es para mí un acto complementario al placer de fumar".

El mutilado español que me fiaba cigarrillos fue un santo varón y una figura celestial que no encontraré más en mi vida. Estaba ya entonces en París y allí las cosas se pusieron color de hormiga. No al comienzo, pues cuando llegué disponía de medios para mantener adecuadamente mi vicio y hasta para adornarlo. Las surtidas tabaquerías francesas me permitieron explorar los dominios inglés, alemán, holandés, en su gama rubia más refinada, con la intención de encontrar, gracias a comparaciones y correlaciones, el cigarrillo perfecto. Pero a medida que avanzaba en estas pesquisas mis recursos fueron disminuyendo a tal punto que no me quedó más remedio que contentarme con el ordinario tabaco francés. Mi vida se volvió azul, pues azules eran los paquetes de Gauloises y de Gitanes. Era tabaco negro además, de modo que mi caída fue doblemente infamante. Ya para entonces el fumar se había infiltrado en todos los actos de mi vida, al punto que ninguno -salvo el dormir- podía cumplirse sin la intervención del cigarrillo. En este aspecto llegué a extremos maniacos o demoniacos, como el no poder abrir una carta importantísima y dejarla horas de horas sobre mi mesa hasta conseguir los cigarrillos que me permitieran desgarrar el sobre y leerla. Esa carta podía incluso contener el cheque que necesitaba para resolver el problema de mi falta de tabaco. Pero el orden no podía ser invertido: primero el cigarrillo y después la apertura del sobre y la lectura de la carta. Estaba pues instalado en plena insania y maduro ya para peores concesiones y bajezas.

Ocurrió que un día no pude ya comprar ni cigarrillos franceses -y en consecuencia leer mis cartas-, y tuve que cometer un acto vil: vender mis libros. Eran apenas doscientos o algo así, pero eran los que más quería, aquellos que arrastraba durante años por países, trenes y pensiones y que habían sobrevivido a todos los avatares de mi vida vagabunda. Yo había ido dejando por todo sitio abrigos, paraguas, zapatos y relojes, pero de estos libros nunca había querido desprenderme. Sus páginas anotadas, subrayadas o manchadas conservaban las huellas de mi aprendizaje literario y, en cierta forma, de mi itinerario espiritual. Todo consistió en comenzar. Un día me dije: "Este Valéry vale quizás un cartón de rubios americanos", en lo que me equivoqué, pues el bouquiniste que lo aceptó me pagó apenas con qué comprar un par de cajetillas. Luego me deshice de mis Balzac, que se convertían automáticamente en sendos paquetes de Lucky. Mis poetas surrealistas me decepcionaron, pues no daban más que para un Players británico. Un Ciro Alegría dedicado, en el que puse muchas esperanzas, fue solo recibido porque le añadí de paso el teatro de Chejov. A Flaubert lo fui soltando a poquitos, lo que me permitió fumar durante una semana los primitivos Gauloises. Pero mi peor humillación fue cuando me animé a vender lo último que me quedaba: diez ejemplares de mi libro Los gallinazos sin plumas, que un buen amigo había tenido el coraje de editar en Lima. Cuando el librero vio la tosca edición en español, y de autor desconocido, estuvo a punto de tirármela por la cabeza. "Aquí no recibimos esto. Vaya a Gilbert, donde compran libros al peso". Fue lo que hice. Volví al hotel con un paquete de Gitanes. Sentado en mi cama encendí un pitillo y quedé mirando mi estante vacío. Mis libros se habían hecho literalmente humo.

jueves, 24 de junio de 2010

ArtSalud III - Cristina Francov - Manuel Márquez Rodríguez


A TI, MUJER

Si no estuvieras tú,
ni en mis ojos tu perfil,
¿Para qué el tacto
en el idioma de mis manos,
si no pueden decirles a las tuyas?
¿Para qué mi oler,
si no estás tú, flor verdadera?
¿Para quién vestirme o desnudarme?
¿Para quién alimentarme el cuerpo,
si no estás tú para alimentarme el alma?
Si no existieras tú,
no tendría sentido mi yo.



Del poemario de Manuel Márquez El zurrón del sibarita

miércoles, 23 de junio de 2010

ArtSalud II - Betty Elger.


Bienvenida

Todo, lo único,
que en realidad me importa
es el eco de tus pasos, cada noche,
resonando en el umbral
de nuestra puerta, o acallar los míos,
adentrarme, acercarme de puntillas,
sigiloso a tu sonriente tarareo,
escuchar retazos de arena,
de espuma, ondas rompiendo en la playa,
recuerdos tan próximos, tan vivos,
como silencio de beso de bienvenida.

23-3-2010
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martes, 22 de junio de 2010

ArtSalud I - Ania Theiss.

Actualmente estoy colaborando con la Asociación ArtSalud con otros compañeros y amigos poetas de Baratillo Joven, dándole voz poética a las obras artísticas de los participantes de la próxima exposición en Puebla, México. Iré subiendo poco a poco tanto mi propia participación como la de mis compañeros.


Camino

Quisiera quedarme aquí, esperando,
pero el camino me convoca a sus piedras,
a recorrer su asfixiante asfalto
con el rutilante sobre esfuerzo rutinario.
A diario, en la calle, en las sendas,
en los sinuosos trazados del porvenir
me topo con infinitos rostros ajenos,
con personas de almas cansadas,
soledades cuesta arriba
ya incapaces de sonreír a los borregos,
nebulosas formas infantiles, aquellas risas
que hemos cambiado por prisas
y amargas miradas fugaces.

Yo sin embargo sonrío, disfruto
cada paso independientemente
de si es paso o traspiés.
Si me caigo me reiré de mi torpeza
y volveré decidido a alzarme.

Si te caes, sonríe, que aquí tienes mi mano,
para alzarte.

23-3-2010
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Más info y poemas: Revista Orígenes (págs. 34 a 36) y Facebook.

domingo, 20 de junio de 2010

Donde habite el deseo


Donde habite el deseo

En el año 2009 me embarqué en una triple nueva experiencia de la que ya quedan pocos ejemplares. Triple porque:
1. Era la primera vez que maquetaba un libro de principio a ifn. Había hecho algunos retoques y correcciones para Númenor a finales de los 90, pero nada como esto.
2. Era la primera vez que participaba en una antología de poesía erótica.
3. Era la primera vez que publicaba una obra conjunta con compañeros y amigos. Hasta entonces solo había publicado con conocidos y desconocidos.

Es una antología de poesía erótica de 80 páginas, 8 autores, 13 ilustraciones y 47 poemas. Las ilustraciones corrieron a cargo de Saray Pavón Márquez y Manuel Márquez Rodríguez. Los poetas implicados son Víctor García Liétor, Pedro Luis Ibáñez Lérida, Martín Lucia, Manuel Márquez Rodríguez, Desirée Morales Niza, Antonio Muñoz Maestre, Saray Pavón Márquez y el que suscribe, Álex Ruiz Rodríguez.

De esta triple perdida de virginidad aún quedan unos pocos ejemplares en la sede y los demás los tenemos los miembros de Baratillo Joven. Actualmente tengo 6 ejemplares que salen a 7 € cada uno. Siempre suelo llevar alguno a los eventos a los que voy (ver la agenda para más detalles) aunque siempre podéis enviarme un correo o dejarme acá mismo un comentario y hablamos de como hacéroslo llegar.

sábado, 19 de junio de 2010

Dulces sueños.


  Pensaba hacer un poema sobre el sueño de esta noche, pero en cuanto lo empecé comprendí que la lírica no era necesaria, para este tema se basta la prosa.

   Hay quien dice no soñar. Hay quien dice (científicos) que en realidad siempre soñamos, que una cosa es soñar y otra recordar. Yo creo ambas cosas. Hay mañanas, pocas, en las que estoy seguro de no haber soñado nada. La inmensa mayoría de ocasiones olvido lo que sueño, pero sé que algo he soñado. Podría recordar todos mis sueños si quisiera. Lo bueno de haber cursado varias asignaturas de psicología es que sé como funcionan los diversos mecanismos de la mente humana, la memoria entre ellos. Sé que para recordar un sueño tan solo tendría que esforzarme todas las mañanas por pensar en lo soñado durante unos minutos para dejarlo grabado en mi memoria, pero a menudo me duermo con un problema y me despierto con el mismo; el sueño no es entonces más que una breve tregua que cae rápidamente en el olvido.

   Pero hay sueños que recuerdo por diversas razones. Una de ellas es porque el sueño me traiga alguna idea interesante y al despertar me paso un buen rato dándole vueltas al asunto. Otra razón es porque haya tenido alguno de escasos sueños omniscientes en los que soy consciente de la realidad onírica y soy capaz de manipularla a mi antojo. He perdido la cuenta de las veces que he sido consciente de que estaba soñando. En lo que respecta a manipular mis sueños solo lo he hecho en dos ocasiones, las suficientes como para saber que la fuerza de voluntad que tengo que ejercer para ello es tan grande que acabo despertándome, así que he dejado de intentarlo para disfrutar de esas ocasiones en que sé que estoy soñando. Dejar que mi subconsciente me muestre lo que quiera es como ir a una exposición de arte abstracto.

   La tercera razón por la que recuerdo un sueño es porque me haya agradado físicamente (y no estoy hablando de sueños eróticos... que alguna vez también). Hay quien dice soñar tan solo en blanco y negro, otros en color e incluso con sonido. Para mi los sueños son tan reales como la realidad, hasta el punto de que a veces mis recuerdos reales se confunden con mis recuerdos soñados. Yo veo en color, escucho, hablo, en inglés incluso con mayor fluidez de la que poseo despierto. No recuerdo haber tenido sentido del olfato, quizás se deba a que es un sentido al que tampoco le presto mucho atención en la realidad, mas si tengo tacto, siento presión, textura y temperatura. Esta noche abracé a una persona muy querida en mis sueños y sentí la cariñosa presión de ese abrazo, la textura de su camiseta, la temperatura de la proximidad de dos corazones. Desperté al poco, sonriendo, y me frustré mucho inmediatamente al notar que tan solo era un sueño y tocaba seguir esperando. Como aún era temprano me volví a dormir. Caminé entonces por las calles de una ciudad desconocida. Un reflejo por el rabillo del ojo me llamó la atención. En una ranura de un tocón de árbol de avenida había una moneda. Me agaché para tomarla y la observé con curiosidad. Parecía una moneda de dos euros, pero no veía el símbolo de Europa por ningún lado, ni de ninguno de los países miembros. Entre el esfuerzo de reconocer de qué país era la moneda y la carcajada de felicidad al reconocerla me desperté, feliz de saber quien era la persona que paseaba a mi lado. Me encanta cuando los sueños se enlazan, más aún cuando se hacen realidad, que ya lo harán.


P.S.1: No incluyo las pesadillas porque no tengo desde los 13 años, o más bien debería decir que entran dentro del grupo de los sueños omniscientes. Desde aquella edad me doy cuenta de cuando estoy en una pesadilla y altero la realidad onírica para anularla, despertándome en el proceso.
P.S.2: La moneda mi sueño es la que aparece al principio de esta entrada. Cuando la busqué esta mañana me quedé totalmente sorprendido. Hace años que no veo ninguna y es exactamente igual a la que podéis ver. Es increíble el nivel de detalle con el que se almacenan los recuerdos.

viernes, 18 de junio de 2010

Solo para fumadores (1).


No sé si el tabaco es un vicio hereditario. Papá era un fumador moderado, que dejó el cigarrillo a tiempo cuando se dio cuenta de que le hacía daño. No guardo ningún recuerdo de él fumando, salvo una noche en que no sé por qué capricho, pues hacía años que había renunciado al tabaco, cogió un pitillo de la cigarrera de la sala, lo cortó en dos con unas tijeritas y encendió una de las partes. A la primera pitada lo apagó diciendo que era horrible. Mis tíos en cambio fueron grandes fumadores y es conocida la importancia que tienen los tíos en la transmisión de hábitos familiares y modelos de conducta. Mi tío paterno George llevaba siempre un cigarrillo en los labios y encendía el siguiente con la colilla del anterior. Cuando no tenía un cigarrillo en la boca tenía una pipa. Murió de cáncer al pulmón. Mis cuatro tíos maternos vivieron esclavizados por el tabaco. El mayor murió de cáncer a la lengua, el segundo de cáncer a la boca y el tercero de un infarto. El cuarto estuvo a punto de reventar a causa de una úlcera estomacal perforada, pero se recuperó y sigue de pie y fumando. 
De uno de estos tíos maternos, el mayor, guardo el primer y más impresionante recuerdo de la pasión por el tabaco. Estábamos de vacaciones en la hacienda Tulpo, a ocho horas a caballo de Santiago de Chuco, en los Andes septentrionales. A causa del mal tiempo no vino el arriero que traía semanalmente provisiones a la hacienda y los fumadores quedaron sin cigarrillos. Tío Paco pasó dos o tres días paseándose desesperado por las arcadas de la casa, subiendo a cada momento al mirador para otear el camino de Santiago. Al fin no pudo más y a pesar de la oposición de todos (para que no ensillara un caballo escondimos las llaves del cuarto de monturas), se lanzó a pie rumbo a Santiago, en plena noche y bajo un aguacero atroz. Apareció al día siguiente, cuando terminábamos de almorzar. Por fortuna se había encontrado a medio camino con el arriero. Entró al comedor empapado, embarrado, calado de frío hasta los huesos, pero sonriente, con un cigarrillo humeando entre los dedos.

Cuando ingresé a la facultad de Derecho conseguí un trabajo por horas donde un abogado y pude disponer así de los medios necesarios para asegurar mi consumo de tabaco. El pobre Inca se fue al diablo, lo condené a muerte como un vil conquistador y me puse al servicio de una potencia extranjera. Era entonces la boga del Lucky. Su linda cajetilla blanca con un círculo rojo fue mi símbolo de estatus y una promesa de placer. Miles de estos paquetes pasaron por mis manos y en las volutas de sus cigarrillos están envueltos mis últimos años de derecho y mis primeros ejercicios literarios. Por ese círculo rojo entro forzosamente cuando evoco esas altas noches de estudio en las que me amanecía con amigos la víspera de un examen. Por suerte no faltaba nunca una botella, aparecida no se sabía cómo, y que le daba al fumar su complemento y al estudio su contrapeso. Y esos paréntesis en los que, olvidándonos de códigos y legajos, dábamos libre curso a nuestros sueños de escritores. Todo ello naturalmente en un perfume de Lucky. El fumar se había ido ya enhebrando con casi todas las ocupaciones de mi vida. Fumaba no solo cuando preparaba un examen sino cuando veía una película, cuando jugaba ajedrez, cuando abordaba a una guapa, cuando me paseaba solo por el malecón, cuando tenía un problema, cuando lo resolvía. Mis días estaban así recorridos por un tren de cigarrillos, que iba sucesivamente encendiendo y apagando y que tenían cada cual su propia significación y su propio valor. Todos me eran preciosos, pero algunos de ellos se distinguían de los otros por su carácter sacramental, pues su presencia era indispensable para el perfeccionamiento de un acto: el primero del día después del desayuno, el que encendía al terminar de almorzar y el que sellaba la paz y el descanso luego del combate amoroso. 

¡Ay mísero de mí, ay infeliz! Yo pensaba que mi relación con el tabaco estaba definitivamente concertada y que en adelante mi vida transcurriría en la amable, fácil, fidelísima y hasta entonces inocua compañía del Lucky. No sabía que me iba a ir del Perú y que me esperaba una existencia errante en la cual el cigarrillo, su privación o su abundancia, jalonarían mis días de gratificaciones y desastres. Mi viaje en barco a Europa fue un verdadero sueño para un tabaquista como yo, no solo porque podía comprar en puertos libres o a marineros contrabandistas cigarrillos a precios regalados, sino porque nuevos escenarios dotaron al hecho de fumar de un marco privilegiado. Verdaderos cromos, por decirlo así: fumar apoyado en la borda del trasatlántico mirando los peces voladores del Caribe o hacerlo de noche en el bar de segunda jugando una encarnizada partida de dados con una banda de pasajeros mafiosos. Era lindo, lo reconozco. Pero al llegar a España las cosas cambiaron. La beca que tenía era pobrísima y después de pagar el cuarto, la comida y el trolebús no me quedaba casi una peseta. ¡Adiós Lucky! Tuve que adaptarme al rubio español, algo rudo y demoledor, que por algo llevaba el nombre de Bisonte. Por fortuna estábamos en tierra ibérica y la pobre España franquista se las había arreglado para hacerle la vida menos dura a los fumadores menesterosos. En cada esquina había un viejo o una vieja que vendían en canastillas cigarrillos al detalle. A la vuelta de mi pensión montaba guardia un mutilado de la guerra civil al que le compraba cada día uno o varios cigarrillos, según mis disponibilidades. La primera vez que estas se agotaron me armé de valor y me acerqué a él para pedirle un cigarrillo fiado. "No faltaba más, vamos, los que quiera. Me los pagará cuando pueda". Estuve a punto de besar al pobre viejo. Fue el único lugar del mundo donde fumé al fiado.

jueves, 17 de junio de 2010

Enumeración.

   Enumeración

   Una trágica victoria.
La dulce agonía.
Derramada sangre inocente.
Mis últimos restos de cordura.
Tedio.
El lamento de un dios.
La sonrisa que me derrotó.
Mis manos culpables.
Un murmullo a voces.

   Sobradas razones para odiarme.



P.S.: De mi participación en Poesía y Narrativa Actual 2005 de la editorial argentina Nuevo Ser. Tomo 4º, pág. 179.
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martes, 15 de junio de 2010

Guerra.



   Guerra

   Estoy en guerra contra mi.
Cada una de mis cicatrices lo demuestra.

   21-4-2006
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lunes, 14 de junio de 2010

Eudemonología - Arte de ser feliz.


Uno de los libros que tuve que leer durante la universidad fue la Eudemonología (o Arte de ser feliz) del maestro del pesimismo, Arthur Schopenhauer. En su momento simplifiqué los 50 puntos en los que se basaba para poder repasarlos más fácilmente. Os adjunto el resumen de la Eudemonología de Schopenhauer.

EUDEMONOLOGÍA - ARTE DE SER FELIZ
Requisitos para la felicidad: alegría del animo, salud del cuerpo, tranquilidad del espíritu, bienes externos en una medida muy reducida.

1. No ansiar más que un presente indoloro, tranquilo y soportable.
2. Evitar la envidia.
3. En la vida solo se puede conseguir un objetivo renunciando a los demás. El estudio de nuestro carácter nos permite averiguar cual es ese objetivo y como podemos alcanzarlo.
4. Nuestras elevadas pretensiones nos hacen sufrir. No hay que desear tanto.
5. La tristeza y la alegría no procede del exterior, sino que surge de nosotros mismos. El sufrimiento y el gozo son partes esenciales de la vida, y a ambos debemos aceptarlos.
6. Hacer con buena voluntad lo que se puede y tener la voluntad de soportar el sufrimiento inevitable.
7. Reflexionar a fondo sobre un tema antes de emprenderlo. Una vez emprendido no angustiarse con los resultados, recordando que si son malos puede deberse al azar o el error.
8. Limitar el ámbito de acción.
9. "El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor." Aristóteles. Ético a Nicómaco.
10. "Sométete a la razón si quieres someterlo todo." Séneca.
11. Una vez que un infortunio se ha producido y no se puede remediar, no permitirse pensar que pudiera ser de otra manera para evitar caer en la autortura.
12. Nadie calla la oído, por lo que los secretos los deberemos guardar para nosotros en lugar de compartirlos.
13. Cuando la alegría nos embargue jamás preguntarnos si tenemos motivos para ello, pues podríamos aguarla. La alegría es un don al que nunca debemos negarnos.
14. Buscar la justa medida entre el presente y el futuro, evitando vivir en uno solo de ellos.
15. Mantener la serenidad ante todos los infortunios de la vida.
16. Igual que la regla 1.
17. La felicidad se mide con dolor como índice. Cuanto mayor es la ausencia de dolor más felicidad. Sin embargo para lograr esa ausencia hay que sacrificar placeres, pues éstos suelen traernos sufrimientos.
18. Poner riendas a la fantasía, tanto a la fantasía que nos ofrece imágenes alegres, como a la que nos ofrece imágenes tristes, pues ambas no hacen daño invariablemente.
19. No entregarse a grandes júbilos ni grandes lamentos, pues todo cambio. Disfrutar el presente.
20. Jamás mostrar la ira o el odio.
21. Reprendernos a nosotros mismos antes de que lo haga otro, pues la represión externa siempre es más dura que la podemos ejercer sobre nosotros mismos.
22. La felicidad es una mentira. Lo máximo que se puede alcanzar es una vida soportable.
23. La vida es como el ajedrez. Tu plan de vida es siempre anulado por la propia vida, obligándote a cambiar de planes continuamente.
24. Solemos buscar la felicidad en la primera mitad de la vida, hasta que llega el inevitable desengaño.
25. Ver lo que tenemos como si lo estuviéramos perdiendo ayuda a cuidar nuestras posesiones, amistades, el amor, etc.
26. Poner una meta a nuestros deseos, a sabiendas que solo uno es posible a costa de los demás.
27. La desgracia de los demás nos hace sentir mejor.
28. La vez no es una edad triste.
29. Hay deseos no naturales ni necesarios que debemos ignorar.
30. Esforzarse y luchar contra algo que se resiste es la necesidad más esencial de la naturaleza humana. Por eso la inactividad nos hace sentir inútiles.
31. La fantasía no debe guiarnos, sino el concepto.
32. Nueve décimos de la felicidad se basan en la salud.
33. No dejarnos llevar por impresiones, sino por razones.
34. La vida es la diagonal resultante de dos fuerzas, nuestros propósitos y las circunstancias.
35. No debemos olvidar que cambiamos continuamente, por lo que lo planeado en el futuro puede en ocasiones ser inadecuado para nosotros.
36. Moderar nuestras exigencias, pues la aspiración a la felicidad y la lucha por ella atraen los grandes infortunios.
37. Igual que la 17. 
38. Más importante que lo que nos pasa en la vida es como lo aceptamos y vivimos.
39. Considerar todo acontecimiento como necesario, un fatalismo tranquilizador.
40. Quien lo ve todo negro y siempre teme lo peor está más preparado para la adversidad que el optimista.
41. Igual que la 11.
42. Igual que la 35.
43. Para la felicidad solo necesitamos la libertad del ocio del exterior.
44. Los enemigos de la felicidad son el dolor y el aburrimiento. Frente a estos hay que emplear la alegría y el espíritu.
45. La resistencia a las desgracias depende de la persona. Un espíritu alegre es siempre más resistente.
46. Aristóteles define la vida filosófica como la más feliz. Ética a Nicómaco.
47. Una de las principales posesiones son los amigos, aunque ello implica que uno se convierte a la vez en posesión de otros.
48. "La felicidad pertenece a los que se bastan a sí mismos." Aristóteles.
49. Una existencia feliz es toda aquella preferible a no ser, una existencia deseable.
50. La realidad es objeto y sujeto. Ambos puede ser buenos o malos, pero solo el sujeto depende de nosotros, y es por lo que deberíamos preocuparnos. "La mayor suerte es la personalidad." Goethe.



P.S.1: La ilustración es Schopenhauer con su perro del caricaturista alemán del siglo XIX Wilhelm Busch. Dada su antigüedad forma parte del dominio público (por si las moscas).
P.S.2: Antes de que nadie pregunte, no, no estoy de acuerdo con Schopenhauer en la inmensa mayoría de los puntos de su Eudemonología.

domingo, 13 de junio de 2010

Nada.



   Tras varios meses sin ni siquiera abrir aquel cuaderno de tapas negras, allá volví a rasguear el papel una noche más con lo mismo que decir de siempre: nada. ¡Pero eso sí, con la mejor letra posible! Que al menos fuera una nada cómoda para la vista.



   Escrito en un tiempo pasado en el que yo era lo mismo que mis escritos. ¡Cuantas noches sin dejar que me consumieran los demonios de la literatura!
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sábado, 12 de junio de 2010

Artículo 7155.




   Artículo 7155

   Lo encontré en una esquina,
férrea estructura, terminaciones en arista,
una gran superficie para cobijarme,
oscuro como los días de lágrimas
por venir, su porvenir,
el campo de batalla y mi brazo,
indisolubles. Inevitable
pagar al tendero las nueve monedas
que me pedía por ese imponente
protector círculo imperfecto.

   Lo puse a prueba de inmediato,
el envite ya me estaba aguardando,
frío, gélido, allá afuera en la calle...
y nada pudo contra el poeta.

   Este poeta que se arma y arma
una trifulca de metáforas
tan solo para presumir
de paraguas nuevo.

   12-6-2010

P.S.1: A pesar de las palabras de elogio mi nueva adquisición no termina de convencerme. ¿Alguien sabe dónde forjan buenas paelleras de combate?
P.S.2: También debería buscarme un arma mejor...
P.S.3: ¿Sentido del ridículo? ¿Qué es eso? ¿Con qué mano se empuña?
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viernes, 11 de junio de 2010

Solo para fumadores (0).


De todos los relatos con los que me he ido topando hay uno que desde el primer segundo me pareció absolutamente genial, Solo para fumadores de Julio Ramón Ribeyro, un relato autobiográfico sobre su hábitos fumatorios. Fui fumador durante mis tiempos universitarios y aún lo soy de manera muy puntual. Este relato lo leí en cuarto de carrrera, para la asignatura de Historia de América Contemporánea. Mi marca era el ya desaparecido Fortuna Light 25, que tranquilamente me duraba más de una semana (si, le daba poco al vicio). Al entrar en contacto con este relato me divertí a la par que me sentí identificado en muchas facetas. Solo los que han fumado de forma asidua podrán paladear en todo su esplendor las desventuras del autor, y si nunca has fumado espero que te guste, te rías tanto como yo y te acerques en clave de humor a las vicisitudes de los fumadores sin necesidad de prender ningún cigarrillo.

El relato es bastante largo. Yo me lo leí de un tirón en su momento, pero para este medio considero más factible cortarlo e irlo ofreciendo poco a poco, calada a calada, para no aburriros. Todos los viernes tendréis vuestra dosis.




SOLO PARA FUMADORES

Extraído de “La Palabra del Mudo” Volumen IV – Cuentos 1952 – 1993 
Primera edición: Diciembre 1994 
Jaime Campodónico / Editor S.R.L. 
Lima - Perú 

SIN  HABER SIDO un fumador precoz, a partir de cierto momento mi historia se confunde con la historia de mis cigarrillos. De mi período de aprendizaje no guardo un recuerdo muy claro, salvo del primer cigarrillo que fumé, a los catorce o quince años. Era un pitillo rubio, marca Derby, que me invitó un condiscípulo a la salida del colegio. Lo encendí muy asustado, a la sombra de una morera y después de echar unas cuantas pitadas me sentí tan mal que estuve vomitando toda la tarde y me juré no repetir la experiencia. 

Juramento inútil, como otros tantos que lo siguieron, pues años más tarde, cuando ingresé a la universidad, me era indispensable entrar al Patio de Letras con un cigarrillo encendido. Metros antes de cruzar el viejo zaguán ya había chasqueado la cerilla y alumbrado el pitillo. Eran entonces los Chesterfield, cuyo aroma dulzón guardo hasta ahora en mi memoria. Un paquete me duraba dos o tres días y para poder comprarlo tenía que privarme de otros caprichos, pues en esa época vivía de propinas. Cuando no tenía cigarrillos ni plata para comprarlos se los robaba a mi hermano. Al menor descuido ya había deslizado la mano en su chaqueta colgada de una silla y sustraído un pitillo. Lo digo sin ninguna vergüenza, pues él hacía lo mismo conmigo. Se trataba de un acuerdo tácito y además de una demostración de que las acciones reprensibles, cuando son recíprocas y equivalentes, crean un statu quo y permiten una convivencia armoniosa. 

Al subir de precio, los Chesterfield se volatilizaron de mis manos y fueron remplazados por los Inca, negros y nacionales. Veo aún su paquete amarillo y azul con el perfil de un inca en su envoltura. No debía ser muy bueno este tabaco, pero era el más barato que se encontraba en el mercado. En algunas pulperías los vendían por medios paquetes o por cuartos de paquete, en cucuruchos de papel de seda. Era vergonzoso sacar del bolsillo uno de estos cucuruchos. Yo siempre tenía una cajetilla vacía en la que metía los cigarrillos comprados al menudeo. Aun así los Inca eran un lujo comparados con otros cigarrillos que fumé en esos tiempos, cuando mis necesidades de tabaco aumentaron sin que ocurriera lo mismo con mis recursos: un tío militar me traía del cuartel cigarrillos de tropa, amarrados en sartas como si fuesen cohetes, producto repugnante, donde se encontraban pedazos de corcho, astillas, pajas y unas cuantas hebras de tabaco. Pero no me costaban nada, y se fumaban. 

jueves, 10 de junio de 2010

El centro.

En el centro radica nuestra mayor fortaleza... y nuestra mayor debilidad.
Si el centro cae, todo el resto del sistema también cae con él.

miércoles, 9 de junio de 2010

Diario del centinela, capítulo XVII: Reagrupado.



Mi regreso al cuartel, a la instrucción, ha sido más problemática de lo que pensaba. Combatirse a uno mismo es la guerra más difícil. Asaltado por una idea decidí averiguar si mi pálpito era correcto, y creo que lo es. Nos creemos de una manera, nos creamos de otra. Nos creemos que somos de una u otra determinada manera. En el caso de los de mi oficio nos solemos creer superiores a los que defendemos, y cuando el miedo nos domina, inferiores a los que nos enfrentan. Allá fuera cada uno es de padre y de su madre, hay quien solo pone a Dios por encima suya y quien, aún delatando vida los latidos de su corazón, se pone por debajo de hasta el último gusano del camposanto. Entre esos dos extremos solemos creernos. Mas no es eso lo que solemos ser, no al menos en mi caso.

El caso es que me creía de una manera y me creé de otra. Han sido estos últimos meses los que me han abierto los ojos, gracias a estas líneas cotidianas en las que dejo constancia de mis actos y mis pensamientos y, al releerlas, veo que no soy el que yo creía. Si las hubiera escrito otro dudaría de su veracidad, pero son de mi puño y letra los acontecimientos que se narran. En unos casos me he sobrevalorado enormemente, en otros me he subestimado de muy mala manera y ahí he andado más tiempo del que me imaginaba, errando en una vida desequilibrada...

Regresé al cuartel con una idea simple, tratar de comportarme como un simple novato, desdeñando cualquier conocimiento que se suponía no debía tener, actuar, interpretar, reaprender. Me ha costado lo indecible, el yo imaginario se cruzaba continuamente en mi camino, distrayéndome, mandándome regresar a la torre de vigilancia, pero no. Me imaginaba entonces que era un soldado raso y que mi puesto era ese. Pero no lo era. No estaba allá para subir a la misma torre o a una atalaya perdida de la mano del Divino Redentor, sino para tener mejores vistas. Mi pantonima personal se vió complicada dado que yo pretendía dar un paso para atrás para tomar impulso y a la par mi capitán me empujaba para que siguiera ascendiendo como oficial. No es tonto, no quiere volver a pillarse los dedos. En caso de volver a ausentarse la ley le obliga a dejar al cargo como mínimo a un teniente, cargo que no poseo y al que aspiro más por deber ajeno que por anhelo propio. Si eso es lo que se pide de mi lo haré, aunque preferiría seguir en el peldaño en el que estoy al menos un poco más, al menos hasta sentirme totalmente seguro de que puedo subir al siguiente con paso firme.

Mientras las circunstancias me siguen empujando, mientras soy capaz de resistirme en la medida de lo posible, yo sigo acá, luchando cada día por hacer que el que me imagino que soy y el que soy seamos uno solo.

Poco a poco recuerdo viejas y nuevas lecciones, anécdotas, ideas alocadas, versos... Reuno cada uno de los trozos esparcidos de mi ser. Lentamente me reagrupo, me reforjo, me reavivo... porque vale la pena, porque vencerse a uno mismo es la victoria más bella.



Telebasura

Yo quisiera al hombre acá,
entre estos versos,
discutiendo, criticando,
¡deconstruyéndose a si mismo!,
pero no tras seiscientos veinticinco barrotes
de fútbol, marujeo y teletiendas.

Yo quiero al hombre aquí,
entre estos versos,
luchando por sus sueños...

  19-4-2005
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martes, 8 de junio de 2010

La mañana del final y el principio.

Al abrir los ojos por segunda vez miré el reloj en su atípica posición de siempre. Aún no eran las nueve de un festivo local. Pensé en levantarme y empezar las mil tareas pendientes que me había impuesto. Mi cuerpo se quejó, pero no físicamente. La costumbre, la puta inercia de miles de mañanas se quejaba. Para mi cuerpo aquella mañana era como la de cualquier sábado y domingo y podía permitirme la licencia de seguir enredado entre las sábanas todo el tiempo que quisiera, hasta que mi propio cuerpo se cansara de descansar. Pero me negué...

La inercia, lejos de rendirse, me tentó con darme la vuelta y seguir durmiendo otra hora más (por lo menos) o al menos, si me iba a levantar de la cama, dedicar la mañana a no hacer nada. No estaba dispuesta a claudicar a la idea de tareas en un día festivo.

Me levanté, habiendo dormido seis horas, desoyendo a todas mis quejas internas. Me detuve, extrañado, en medio de la habitación. Así que esto era el final y el principio... No estaba muy seguro de que fuera a gustarme. Solo había una manera de averiguarlo. Abrí la puerta y salí a mi mundo.
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jueves, 3 de junio de 2010

Tercera configuración: Recursividad i(n)tera(c)tiva.


En la fase intermedia el rápido aumento de la complejidad dentro del sistema oculta el riesgo de caos inminente. Sin embargo, el riesgo existe. Ian Malcolm


Buenas, contertulios. Estreno dominio, www.alexruirodriguez.es y estreno página reconfigurando la ya existente. Rompo la máscara de Atanvarno y me (re)presento de nuevo con mi nombre real (vale, que en mi carnet pone Alejandro y no Álex, en mi defensa diré que estoy acostumbrado a Álex, Alejandro siempre me sonó extraño).

Voy a estar en los próximos días tomando y probando ideas, realizando cambios, transformando una página de cariz literario en una página personal (sin por ello desahuciar a la Literatura). Si queréis hacer algún comentario, sugerencia, crítica, etc., siempre será bien recibida. 

A partir del lunes 7 recomienzan de nuevo las entradas a esta página (ya hay un fotopoema preparado y programado) y prometo actualizar más a menudo. Si no lo cumplo ya sabéis, tirón de orejas al canto y escribo algo.

Tanto si sois recién llegados como viejos amigos, bienvenidos a esta tercera iteración.


P.S.: La imágen que encabeza esta entrada es un fractal tomado de http://www.personaltao.com/tao/zen_fractal.htm