martes, 30 de noviembre de 2010

Julio Martínez Mesanza - Admonición.



Poema de Julio Martínez Mesanza que siempre me ha dado que pensar:

ADMONICIÓN
No debes escuchar a la tibieza,
ni a su amiga triufante, la ironía.
No vayas con quien nunca dice nada
ni con quien vive siempre enmascarado.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Julio Martínez Mesanza - Asedio



Un poema de Julio Martínez Mesanza que me han entrado ganas de recitar:

ASEDIO
Sus torres arderán como si fueran
secas espigas. Caerán sus muros.
Es mucha su jactancia, y excesivo
su orgullo. No conoce el latigazo
de la enorme ballesta, ni conoce
el hambre que no acepta ley alguna.
Polvo será en el polvo del desierto
y de su honor no escribiremos nada.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Te escucho.


Te escucho.

Te escucho...
en el inexistente silencio
que taladra mis tímpanos.

Te escucho alto y claro,
tu voz alegre y risueña,
tu timbre sereno y severo,
la de siempre y el de nunca.

Te oigo
tremendo como un trueno
y seguramente me merezco
tamaña lluvia de granizos.
Tus palabras, lápida(ria)s,
me sepultan, y con razón.

Por supuesto.
Ahora te entiendo,
¡ahora lo entiendo!
No era necesaria ni la búsqueda
ni la espera,
perderme en encrucijadas
sólo ha sido perderme en encrucijadas.
No había más lecciones que aprender.

Todo lo que necesito me lo dejaste ahí,
a mis pies,
justo donde me lo plantaste
antes de tomar ese último vuelo
hacia NuncaJamás.

25-11-2010


Dedicado a alguien que me sigue leyendo desde la más apabullante distancia.
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sábado, 20 de noviembre de 2010

Por alguna parte hay un malentendido.



Citando a mi poeta favorito, Miguel d´Ors:

Y tú siempre dudando —y dudando tus dudas—
si es que ellos no se enteran
de nada, o si tal vez están burlándose
de ti, confabulados
en una broma cósmica (pero esto me parece
demasiada crueldad para ser verosímil),
o si acaso —y entonces eres tú
quien no se entera— de tu boca sale
la voz incandescente de algún ángel
—pero esto es ya ponerse demasiado sublime—.


Lo único claro es que por alguna parte hay un embrollo y me da en la nariz que el embrollo lo tengo yo solito dentro de mi. Lo que viene siendo ¡que soy yo el que no se entera!


P.S: Bien, me acabo de enterar que hay nuevo libro de poemas de d´Ors después de cinco larguísimos años. Será cuestión de darme un garbeo por la Feria del Libro Antiguo. Renacimiento siempre ha tenido un stand allá.

lunes, 15 de noviembre de 2010

La Orden de las Sombras.


Continuando el hilo perdido en Asesino...

Desde el balcón contemplaba el patio de entrenamiento. Observaba fijamente al único superviviente. Había salido casi indemne, tan solo con algunos rasguños sin importancia. Hacía tiempo que ningún novato superaba la prueba. El aspirante aún pasó un tiempo recuperando el aliento sin perder ni un ápice de concentración. Aunque el resto de aspirantes yacían muertos o sin sentido, aún podría haber trampas por accionar, como la que había decapitado el cadáver que se desangraba junto a su pie derecho. El superviviente alzó la mirada hacia la balaustrada, hacia aquella figura alta, pálida y de barba cana envuelta en aquel hábito negro. Sacó una mano blanca y huesuda de entre las mangas del hábito y le hizo el gesto de que tirara el arma al suelo, luego regresó la mano al recoveco de la manga contraria sin mover ni un músculo de su expresión facial. El nuevo discípulo obedeció e imitó a su maestro, manteniéndole la mirada mientras su rostro representaba la más gélida indiferencia.

Por el pasillo que daba al balcón se oyeron unos pasos. Una figura, también envuelta en hábito negro emergió de la oscuridad, deteniéndose a la diestra de la primera, pero un par de pasos más atrás.
-Mi maestro... -dijo el recién llegado con voz temblorosa.
-Habla tranquilo, desde esta altura no pueden oírnos.
-Acaba de regresar el grupo de Himuerdo. Ya han acabado con casi todos los cazarrecompensas involucrados en el asunto del Conde de Úgera.
-Con casi todos...
Abajo en el patio el discípulo atendía a la conversación, tratando por todos los medios de forzar sus oídos para entender algo de lo que se estaba diciendo. El recién llegado, un hombre bajo y encorvado se expresaba con cierto nerviosismo, mientras su maestro no solo apenas movía los labios sino que no variaba ni su expresión ni la dirección de su mirada, él.
-Si, mi maestro, con casi todos. Cumpliendo con vuestras ordenes acabaron primero con ese delator de Ulrich y recabaron los nombres de todos los cazarrecompensas implicados. Habría sido más rápido si el capitán fuera un hombre más lenguaraz o si le la plata sirviese para tentarle, pero ese tal Taida es un hombre incorruptible.
Incorruptible, una palabra que oía en muy raras ocasiones. -Casi todos... -repitió con un ligero tono de impaciencia.
-¡Discúlpeme mi maestro -dijo, notando la queja de su señor-. El único al que no fueron capaz de hallar fue a Alberto del Castillo. Las últimas informaciones revelan que salió de la ciudad a los pocos días con el gesto demacrado y herido. Después de eso nada, como si se lo hubiera tragado la tierra. Fue el primero en quien sospecharon a causa de sus heridas. Nadie se enfrenta a uno de nuestros asesinos y sale indemne.
-"Nuestros" -pensó el Maestro de la Orden de las Sombras. Su escribano era un siervo especialmente diligente e inteligente, pero no lo suficiente como para percatarse de quien mandaba realmente.
-Procedieron a buscarle, pero no hallaron ningún rastro de él. Al resto de cazarrecompensas involucrados los encontraron en sus ciudades natales, en otras cacerías o en otros oficios más seguros, ejerciendo de mercenarios o guardaespaldas. Ninguno de ellos reconoció a los nuestros, nunca habían oído hablar de ellos ni los habían visto. Le han traído con vida al último de ellos, uno especialmente ducho en las artes del combate, para que usted lo use a su conveniencia.

El contacto visual entre discípulo y maestro no se había roto en ningún momento. Aún le faltaba mucho entrenamiento, pero estaba seguro de que había captado algunas palabras sueltas, las suficientes como para inquietarse. Su mirada le delataba.
-Haz que lo lleven a la cámara de torturas, pero que sea leve, lo suficiente como para averiguar si sabe algo, aunque sea muy remotamente, sobre ese cazarrecompensas perdido. Luego llevadlo a una celda, curad sus heridas y cuidarlo bien. Quiero ver en la próxima prueba de qué madera está hecho. Luego enviale a él -dijo señalando al novato con el mentón- junto con Hiltzaile a Puerto Nallacia.
El flamante discípulo notó que hablaban de él, así como la sorpresa del otro hombre.
-¡Pero mi señor, la especialidad de Hiltzaile es el asesinato, no el espionaje, y nada menos que un novato como acompañante! -dijo en voz alta sin importarle que el susodicho pudiese escucharle.
-¡Basta, Zasj! -exclamó el maestro mientras giraba la cabeza para clavar su mirada en el escribano, el cual dio inconscientemente un paso atrás-. Tu función no es contradecirme, sino obedecer. Haz lo que te ordeno.
El maestro le dirigió una última mirada a su nuevo discípulo y giró encaminándose al pasillo. A los pocos pasos de penetrar en su oscuridad se detuvo.
-Ciertamente tengo espías mejores que Hiltzaile, por eso mismo irá, para aprender. El novato no le representará una carga, más bien sospecho que será justo lo contrario, y aprenderá mucho más rápidamente junto a Hiltzaile que permaneciendo encerrado aquí. Ya le daré lecciones avanzadas a su regreso. En cuanto a ti... -añadió haciendo una exagerada pausa para escuchar la agitada respiración de su escribano- te recomiendo que de ahora en adelante medites bien cada palabra antes de pronunciarla. Tú mejor que nadie conoces las especialidades de mis discípulos. Yo conozco las tuyas, y me molestaría pensar que me he equivocado sobrevalorándote.
El escribano tomó aire tratando calmarse antes de responder.
-Todo se cumplirá acorde a vuestras ordenes, mi maestro -dijo con toda la serenidad que pudo acumular. Acto seguido se acercó a la balaustrada e hizo algunas señales con las manos que el novato no supo interpretar. Dos figuras con capas negras y con las cabezas tapadas por sendas capuchas emergieron de entre las sombras del fondo del patio y se colocaron a ambos extremos del novato. Éste entendió y se dejó guiar. Su atención se relajó en cuanto le dejaron en su celda.
-"Así que Hiltazaile y Puerto Nallacia" -pensó. Ninguno de esos dos nombres le decía nada. Eran sólo dos interrogantes a desvelar.

En su respectiva celda, mucho más amplia, el Maestro de la Orden de las Sombras también tenía sus dudas. Con la muerte del Cónde de Úgera y los otros testigos se había solventado aquel problema, pero la muerte de su asesino, uno de sus más eficientes discípulos, le seguía siendo un misterio incluso un año después. Él fue el número trece y tras él no murió ninguno más. ¿Quién era ese Alberto del Castillo? ¿Era él realmente el asesino de asesinos? ¿Qué le había pasado después de lo de Puerto Nallacia? Fuera él o no lo cierto era que todo había cambiado en la Orden. Aún no había cubierto las bajas. Ante la amenaza había aumentado el nivel de la prueba de acceso tanto que prácticamente nunca sobrevivía ningún candidato. Los que lograban salir con vida normalmente morían a los pocos días de sus graves heridas. Sin embargo... este chico nuevo había logrado un resultado impecable y presentía que sus dones no se limitaban tan solo a la lucha. Veía en él a un futuro gran asesino, tal vez incluso aún más poderoso que Hiltzaile. Sólo había una manera de averiguarlo. Los dos partirían al día siguiente.
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sábado, 13 de noviembre de 2010

Recitando en El Perro Andaluz 11-11-2010

Tenía yo una espinita clavada, debo reconocerlo (y muchas más cosas más que me he ido guardando debo reconocer aún), tenía clavado el deseo de subir al escenario de El Perro Andaluz a recitar. Se me ofreció la oportunidad la noche de fin de fiesta de Perfopoesía, pero en aquel momento, más por timidez que por otra cosa, puse la excusa de no tener nada preparado y no subí, clavándome el ansia un poco más en el pecho.

Pues bueno, el león se ha quitado su espina de la pata subiendo el pasado jueves 11 de noviembre al escenario y recitando tres poemas eróticos con juego de cartas y striptease light de propina. Os dejó el poema con el que cerré, poema que no volveré a recitar en público hasta que encuentre una nueva baraja de cartas, una más adecuada para el poema (necesito cartas más grandes para que los del fondo puedan ver las jugadas).



Strip Póker

Con mi pareja de reyes
pierdes el jersey,
me deleito en lo que insinúa
tu palabra de honor.
Con mi trío de reinas
van al suelo tus pantalones,
las dos tersas columnas
que sustentan tu prodigiosa anatomía
me llaman a la distracción.
Pero no me distraigo,
con dobles parejas
me dejas ver la tuya,
tu tordo de Venus al desnudo.
Y con esta escalera real
baja lo que te queda
y sube mi... libido.

Y aunque has perdido
aún te mostraré mi póker de ases,
el calor de mi... corazón♥,
la firmeza de mi espada♠,
y, con un poco de suerte♣,
de gozo haré brillar tus ojos
como perfectos diamantes♦
mientras dibujo en mi rostro
la más picara de las sonrisas☺.



P.S.1: Foto e invitación al acto cortesía de Cangrejo Pistolero Ediciones.
P.S.2: Poema incluido en la antología de Poesía Erótica Donde Habite el Deseo (de la cual aún tengo ejemplares disponibles).
P.S.3: En la foto puede verse que sostengo algo en la mano. Era un folleto publicitario, mal pensados.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Diario del centinela, capítulo extra I: Dentro del espacio, fuera del tiempo.



Torres, murallas, puertas, bastiones... hubo una época en la que la humanidad se guarecía tras muros y más muros de piedra, tratando de evitar a la muerte que les aguardaba afuera. Pero la muerte también vivía intramuros, en las hojas de las dagas que refulgían durante un par de segundos en las calles solitarias antes de clavarse en la víctima de turno.


Hoy día sigue siendo lo mismo. Aún quedan torres, puertas y murallas, y sigue la muerte campando a sus anchas con nuevas maneras de obsequiarte con un paseo al otro barrio. Seguimos habitando los mismos espacios, pero distintos tiempos, más crueles aún si cabe que los de antaño. Nunca ha habido tal cantidad de batallas y muertos en la Historia como en este tiempo en que ¿vivimos?

Últimamente me viene pasando lo que me comentó un novelista en la Línea de la Concepción, que los personajes de ficción tienen su vida propia dentro de la mente del escritor. En las más recientes entregas de mi Diario de centinela he llegado a emocionarme hasta el límite de las lágrimas en algunas situaciones. Nació como divertimiento creativo y como diario encubierto, pero ha ido separándose todo de mi hasta crear su propio mundo, sin dejar al mismo tiempo de ser una parte de mi. Flaubert reconoció que Madame Bobary era él, yo también reconozco que, aunque cada vez somos más diferentes, Alastair Longinus soy yo. También he de reconocer que le estoy cogiendo envidia al centinela. Aunque tiene tantas o más dudas que yo sobre su mundo exterior e interior, es un hombre resuelto, que no ceja en su empeño hasta conseguir algo... algo que yo normalmente no suelo ser. Ahora mismo estoy escribiendo de madrugada resistiendo el deseo de irme a dormir inmediatamente y dejarlo de nuevo todo para mañana. Sin duda él, en su torre, estaría escribiendo hasta la última línea o hasta que la vela se consumiese y no le quedase más remedio que aguardar al alba para terminar sus escritos. Que envidia más extraña me posee, envidia a un producto de mi imaginación. Voy a tratar de imitarle y seguir combatiendo un poco más la fuerza de la gravedad que afecta a mis pestañas a estas horas.

Como iba diciendo, Alastair y yo compartimos algunos elementos comunes. Aún hay torres y murallas de su tiempo en el mío, hay una Puerta Este, la Puerta de Córdoba en Carmona que es donde me hice la foto que preside estas líneas; hay una Plaza Mayor que aún no sé con cual hacer concordar en la realidad, un puerto que él apenas visita y yo otro tanto de lo mismo, etc. Aparte de vivencias y nombre (Alastair es una de tantas variantes de Alejandro) compartimos algunos lugares comunes y muchos más que aún nos quedan por descubrir y describir.

Me lo estoy pasando estupendamente escribiendo cada mes unos pocos parrafos con el diario privado del teniente Alastair mas, he de ser sincero, me estoy haciendo un lío. Su mundo en mi cabeza es grande e impreciso. Le faltan nombres, lugares y personajes. He accedido en esta pagína a la etiqueta de diario del centinela para acceder a todos los textos y revisarlos. Pienso tomármelo un poco más en serio y pintar un mapa de la ciudad de Alastair y territorios cercanos, ponerle nombres a sus calles, plazas, gobernantes, nobles y demás chusma que vigila desde la Puerta Este (que también será renombrada, pero no será Puerta de Córdoba). Dejaré también de entrometerme en sus escritos con mis P.S. (post scripti) al final de las entradas de su diario, dejando para ello las entradas extras como esta. También eliminaré los poemas, por lo general anacrónicos con la época de Alastair.

Igualmente también trataré de ir expandiendo su mundo con relatos aparte. Me he dado cuenta recientemente que mis textos se están volviendo cada vez más narrativos y menos poéticos, así que aprovecharé la corriente en lugar de luchar contra ella. El primero de los relatos versará sobre la Orden negra, la cual causó tantos estragos en la ciudad de Alastair hace ya un año mediante la acción de uno de sus asesinos y de la que tan poco sabemos (yo incluido). También puede que el cazarrecompensas Alberto del Castillo vuelva a aparecer por aquí. La última vez que le vi estaba saliendo de la ciudad en un carromato con el rostro bastante pálido, no sé si por efecto de las heridas del duelo que sostuvo o por las palabras que le arrojó como puñales aquel asesino antes de que el cazarrecompensas apagase su vida. Ya veremos si se recupera...

Con respecto a la situación sentimental de Alastair... mmm. He indagado un poco y hay varios Longino en Madrid, Barcelona y Sevilla. Solo dos con ese apellido en Barcelona. Alastair no sé cuantos habrá, pero ningún Longino actual es descendiente del teniente. Vale, diréis que es de perogrullo dado que realmente el centinela nunca existió, pero al mismo tiempo lo que quiero decir...

martes, 9 de noviembre de 2010

Cuestión de miradas.


Leo en Memorias de Idhún III, Panteón, de Laura Gallego García...

Pág. 82.
-Te has vuelto loco- gruñó el Archimago.
-Sé lo que hago -replicó Jack secamente.
Qaydar quiso replicar, pero Jack lo miró fijamente durante unos instantes. El Archimago acabó por bajar la cabeza y retirarse a sus habitaciones, sin una palabra más.
Jack fue a asegurarse de que Kimara llevaba su dragona al cobertizo y no volvía a molestarlos. Había aprendido que pocas personas podían sostener su mirada mucho tiempo. Había algo en sus ojos que los amedrentaba y, aunque al principio aquel hecho lo había incomodado, ahora lo encontraba muy útil en circunstancias como aquella.

Págs. 215 y 216.
-Está bien, se me ha agotado la paciencia -suspiró Jack.
Lo agarró del pelo y tiró de él para obligarlo a levantar la cabeza y mirarlo a los ojos. A la luz de Domivat, el fuego de la mirada del dragón poseía una fuerza antigua y poderosa que hizo que Alexander se encogiera sobre si mismo, intimidado.
-Vas a venir conmigo ahí fuera -le dijo, lentamente, pero con firmeza-. Vas a salir de aquí y le vas a plantar cara al mundo, y vas a dejar de esconderte detrás de esta máscara de autocompasión, detrás de ese nombre prestado. Yo también llevo dentro algo que da mucho miedo, créeme. Y tambien he hecho cosas terribles, obligado por algo que se escapaba a mi control y a mi voluntad. Pero eso no cambia el hecho de que sigo siendo Jack.

...Me acabo de dar cuenta de que la autora abusa del loísmo, y mira que me he leído veces la trilogía de Idhún. De todas maneras la trilogía nunca estará en mi sección de expurgo de libros. La historia que se va desvelando poco a poco es mucho mejor que ciertas cosas de vampiros gusiluz que están dando vueltas por ahí fuera.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Técnicas de marketing en El Perro Andaluz

Durante la semana de Perfopoesía tuve el honor de tener uno de mis poemas colgados en una de las paredes de El Perro Andaluz, concretamente Técnicas de Marketing

que iba acompañado por esta imagen o acompañando a la imagen, aún no lo tengo claro.

Mi más efusivo agradecimiento a los organizadores de Perfopoesía. En todos los aspectos han hecho un excelente trabajo.






Técnicas de marketing

Devuélveme la mirada.
Mírame,
con ojitos de cordero degollado
o con aviesos ojos de verdugo,
¡pero mírame!
Estas son mis cartas boca arriba,
mi as de corazones
y mi as de espadas.
Toma la que quieras
y ¡ámame o mátame!
Atraviésame el corazón
de una manera o de otra.
¡Decide!
O blanco, o negro
pero no me dejes
siendo gris indiferencia.

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lunes, 1 de noviembre de 2010

Diario del centinela, capítulo XXII: Tiempo de paz.


Bostezo. Estas dos últimas semanas han sido de lo más aburridas. A principios de mes tuvimos que realizar un sobreesfuerzo por las fiestas de vendimia y el gran espectáculo que los juglares dieron durante una semana entera en la plaza mayor, pero se fueron como vinieron, cantando...

Desde entonces la tarea de vigilancia ha sido extraña y soporífera. Paulo tiene nuevas obligaciones y ya raramente coincidimos en las guardias. Suelo hacerlas solo, sin nadie que me quite el sueño con alguna ocurrencia cuando el cansancio aprieta. Hay el mismo tráfico de mercaderes que siempre. La Puerta Este sigue siendo tan concurrida como lo ha sido siempre, pero no hay criminales que perseguir. Los chivatos están tristes porque no tienen a nadie a quien acusar por unas monedas. Mis fuentes callan y yo mismo, en mi disfraz de forastero, no consigo llevar a mis oídos más que marujeos, propuestas de negocios legales y canturreos de borrachos, ningún rumor que valga la pena.

Tanto silencio me aterra, lo reconozco. Me aterra la paz y la quietud, sobre todo por las noches, que ni una sola alma recorre las calles y me quedo solo, totalmente solo contemplando el vacío, atrapado en mis conflictos. La paz del exterior no calma mi propia guerra interna, es más, la solivianta sin medida.

He tenido mucho en lo que pensar durante estos días, cuestiones de siempre como el amor o desdeñadas como el destino; también sobre la literatura, si a eso se le puede llamar a las líneas de este diario y a otras pocas que escribo de tanto en tanto. Sobre todo le he dedicado tiempo a tratar de entender porqué siempre, independientemente del estado de seguridad que haya en las calles, mantengo esta perpetua guerra contra mi mismo, en la que nunca hay vencedor mas siempre vencido... y no le encuentro ningún sentido.

Hoy, día de los difuntos, hay más actividad que otros días. La multitud, en atroz silencio, sale por la puerta en dirección al camposanto para honrar a sus difuntos. He decidido acallar esta guerra interna que de nada me sirve, darme una tregua o quizás paz definitiva, ya veremos si esa multitud de canallas armados que me habitan son capaces de estarse quietos o si de nuevo saltan temerarios e inmortales al frente a imponer su épica insensatez. Me conformo con un mes, hasta que vuelva a escribir estas líneas, un mes imitando a la paz, la quietud, la serenidad que tan extraña me es y tanto miedo me da....