jueves, 26 de noviembre de 2009

Dura vida solitaria.

Yo esperaba que al despertar aún resonara en mis oídos el eco dulce de tu voz, pero tan solo escuché la puerta del cuarto de baño cerrarse y alguien apretando tras ella (con lo romántico que había empezado el día, menuda cagada). Miré el reloj y salté de la cama, iba a llegar tarde, desayuno, ducha, afeitado, lavado de dientes, coger la ropa para el gimnasio y el almuerzo en su rutinario tupper fueron tareas sencillas; que el ordenador y el puñetero distiller crearan el pdf del dossier de La Carbonería fue lento, demasiado, pero aproveché para cargar el coche con la mochila del gimnasio y cargarme a mi con paracetamol, que buena falta me iba a hacer.

La mañana en el trabajo, intensa. A medida que iban pasando las horas me iba percatando de que no iba a tener cuerpo para el gimnasio y el turno de tarde, asi que ¡cambio de planes! Dado que tenía mucho pendiente de escribir me iría a Los Arcos, arreglaría un tema en The Phone House y comería y escribiría en la plaza interna, sentado al borde de la fuente.

¡Sorpresa! Fue al coche a por los papeles del teléfono, otros en blanco para escribir y la comida... ¿dónde está la comida? Con las prisas de la mañana la había dejado junto al ordenador, fijo. Otro cambio de planes, tras el papeleo compraría un par de sandwiches en el Hipercor y continuaría mi improvisado picnic literario. Papeleo arreglado, entro al Hipercor ¡y 2,30 € cada sandwich, manos arriba, esto es un jodido atraco! Dos sandwiches más un refresco serían 5,40 €. Salí rápidamente de aquella cueva de los cuarenta ladrones, sabía donde comer más económico, mejor y calentito (inserte aquí su jocoso comentario subido de tono). Subí al piso de arriba y mientras me dirigía a El Fogón de Leña me fijé en un cartelito que rezaba capuchino por la cara. Mi mente comenzó a maquinar un suculento postre. En el Fogón los menús son en su mayoría de pareja, pero hay alguno que otro para un individuo padecedor del síndrome de la soltería crónica como yo: cervecita, carne con tomate y churrasquito con mojo picón por 4,90 €. El Fogón mola, Hipercor caca. Aunque ya con mi estómago satisfecho con tan opíparo banquete, mi mente seguía en el capuchino por la cara. Me acerqué al Kioscoffe, pagando una ración de tarta o un gofre me regalaban el capuchino. La tarta era más cara y fría que el cálido gofre con chocolate que pedí y que en conjunción con el capuchino consiguió aliviarme un poco más el dolor de garganta. Me pusé como un cerdo, si, pero demasiado peso había perdido últimamente, así que tocaba festín para compensar.

A los pies de la fuente no pude llegar, habían emplazado allí un gigantesto abeto y vallas alrededor. Me quedé en el piso de arriba, en los sofas rojos frente a la puerta de esa tienda de ropa en la que suelo comprar pero de cuyo nombre no me da la gana acordarme, oculto a la mayoría de las miradas indiscretas, pero no a indeseadas compañías.

Estoy aquí, sentado en un sofa rojo, apurando las últimas lineas harto de aguantar durante más de media composición a un tipejo con cara de ningún amigo que, a pocos centímetros de mi, tose y absorbe los mocos cada diez segundos y menos, que gesticula sin motivo aparente, se gira bruscamente, mira al piso de abajo con gsto de espía o francotirador, vuelve a apoltronarse en el sofa, tose, absorbe mocos, se palpa los bolsillos, saca un paquete de tabaco, un pico de pan, mira al suelo, tose, absorbe mocos, deja de buscar en el suelo lo que no se le ha caído, se cambia de sofa (aleluya), saca una radio, la conecta y se pone comodo... ¡ah, que no se me olvide, y toso y absorbe mocos! Me largo mientras se enciende un Pall Mall en esta zona de no fumadores. Me vuelvo al trabajo temprano para recuperar el cuarto de hora que me he tangado por llegar tarde, por haberme quedado dormido, por haber dormido tan bien, con el dulce eco de tu voz resonando en mis oídos...

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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Dos parrafos memorables.


A la hora de comprar libros reconozco que suelo ir a por lo seguro, a por algún libro que me hayan recomendado o cuyas reseñas haya ya leído y esté más o menos seguro de que me va a convencer. No me gusta arriesgarme en temas de libros. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando te regalan un libro? No suelen regalarme muchos, pero últimamente parece que me los regalan a mala leche, Best Sellers de supermercado que son auténtica morralla y que solía acabar regalando a las bibliotecas. Ahora me lo pienso mejor y para ahorrar sufrimientos innecesarios a posibles lectores los tiro al contenedor de basura más cercano.

Una de estas últimas lecturas fue El Cículo de los Escribas de Romain Sardou. Para empezar la portada es un poema (es un decir, ojalá fuera un poema, entonces tendría algo bueno), su simbolito de Best Seller que ya delata su ínfima calidad literaria y el subtítulo "por el autor de La Herejía y El peregrino del tiempo". Eso que no falte, hay que demostrar que uno no es novato, que ya se ha hecho un hueco en el mundo literario. Como el autor es francés el título original es Personne n´y échappera, que no sé que carajo significa (se agradece traducción, Babelfish dice Persona n´y escapará), io no parlo la barbara lingua, pero está claro que significará cualquier cosa excepto El Círculo de los Escribas, así que de entrada se huele una mala traducción al castellano. Sobre El Círculo de los Escribas, reuniendo de varios capítulos, se habla un total de cinco o seis páginas, son un grupo muy secundario y la narración marcha por otros derroteros, así que si así comienza la traducción de la novela...

Sin embargo, siempre se puede salvar algo. De las 366 páginas me quedo con dos parrafos, en los que se describe a dos personajes, cada uno visto desde los ojos del otro. Os lo dejo aquí para vuestro juicio (y para poder releerlos en el futuro después de haber quemado este libro):

Después de que hubiera cruzado la puerta, el profesor permaneció de pie, incómodo, sin saber qué postura adoptar. Observó a Sheridan, su impresionante estatura, sus magulladuras en el rostro, su autoridad natural, el abrigo que engrandecía aún más su silueta. Tenía las espaldas de un descargador o de un arponero de Nantucket. Sin duda, según las circunstancias, ese tipo debía de inspirar bien una formidable sensación de seguridad, bien un canguelo insoportable.
El polícia, por su parte, ya se había hecho su idea sobre el profesor. Franklin llevaba unos vaqueros claros y un jersey de cuello alto de color burdeos, con las mangas arremangadas y refuerzos de cuero en los codos. Las gafas y la barba de unas horas apenas le envejecían. El cabello, rubio y ondulado, le dibujaba una frente delicada, de ángel. El policía sintió que era inteligente, sin duda capaz de de defenderse cuando la situación lo requería; pero también curioso, atento a todo, lo que era un buen signo. La habitación estaba impecablemente ordenada, con método. También eso le agradaba.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Diario del centinela, capítulo X: cortando por lo sano.



En mi defensa diré que ya lo intenté todo. Será una excusa, una mentira. No lo he intentado todo, nunca se puede intentar todo, pero no soy un dios, no tengo una eternidad para probar todas las variables, y si fuera un dios tendría poder suficiente como para impedir que los problemas apareciesen, no me haría falta tratar de resolverlos.

Solo soy un humano, de tiempo y recursos limitados, un humano al que le han tocado los huevos sobremanera. En mi afán por tratar de ayudar a mi familia solo me he encontrado desprecio y oídos sordos. Pero no por parte de los que han causado esta situación, sino por parte de mi propia familia. Cada una de mis sugerencias ha caído en oídos sordos, y cada uno de mis movimientos ha sido frenado en seco. En cierto modo es natural, tienen a un soldado por hijo y esperan que en esta situación me limite a cumplir ordenes como he hecho siempre. Pero no, yo solo cumplo ordenes de mis superiores, de aquellos que reconozco como mis superiores y a los que he jurado lealtad. En este momento de la vida yo estoy en una posición mucho más elevada que ellos. Tengo ideas, tengo propuestas, tengo la voluntad de hacer algo y el poder para hacerlo... pero me atan las manos y me amordazan. ¿Cómo responder a tamaña estúpidez? Con una simple solución, de un solo tajo, cortar por lo sano, o más bien por lo enfermizo, cortarme las ataduras y todo hilo que alguna vez me uniera a ellos y largarme. ¿Para qué esforzarse en defender a quienes no desean ser defendidos? ¡Al infierno con ellos!

Mi capitán está al tanto de todo. Me ha acompañado junto con dos compañeros a recoger mis pertenencias en mi casa y las hemos trasladado al cuartel más próximo a la torre, donde ahora vivo con mis compañeros. Mi casa está ahora en venta y aunque ellos tienen la llave, que entren, solo encontrarán una casa vacía. Han venido a buscarme al cuartel, pero se les ha prohibido el paso como a todo civil, y a los pies de la torre, en la puerta, me comentan mis compañeros cuando suben a verme que se les ve merodear de vez en cuando por la zona y preguntar por mi. Está claro que no captan las indirectas, que no deseo volver a verlos. Tarde o temprano llegará el confrontamiento, no voy a pasarme toda la vida ocultándome en esta torre, regresando cada noche al cuartel disfrazado de clérigo, bajo un viejo hábito y una capucha. El enfrentamiento vendrá, pero esperaré un poco más, a que se me calme un poco el inmenso malestar que ahora siento y contratacar con la sangre más fría posible. Todo combate justo es aquel que se realiza en igualdad de condiciones, con las mismas armas... pues aprenderé a usar el frío contra su gélida frialdad.

Primero de noviembre, cortando... con todo aquello en mi pasado que solo me trae sufrimiento, incluso con partes de mi ser que no quiero volver a ver, automutilándome, esculpiéndome un corazón nuevo, una nueva mentalidad, menos permisiva con los que no me merecen.



Mascarada

De mi más funesta máscara
te hiciste una copia
de cuerpo entero,
para esconderte, no refugiarte,
no podrás jamás.

Porque tú eres su escudo,
y ella tu verdugo.

1-11-2008


N. del A.: El poema no tiene nada que ver con el tema. Lo escribí hace hoy justo un año y lo tenía oculto. Solo coincide con el tema en que lo escribí en un estado de malestar parecido al actual y que entonces también cortar pero con otro tema, más o menos parecido. Aquí queda el poema, para la que lo entienda.
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