domingo, 1 de noviembre de 2009

Diario del centinela, capítulo X: cortando por lo sano.



En mi defensa diré que ya lo intenté todo. Será una excusa, una mentira. No lo he intentado todo, nunca se puede intentar todo, pero no soy un dios, no tengo una eternidad para probar todas las variables, y si fuera un dios tendría poder suficiente como para impedir que los problemas apareciesen, no me haría falta tratar de resolverlos.

Solo soy un humano, de tiempo y recursos limitados, un humano al que le han tocado los huevos sobremanera. En mi afán por tratar de ayudar a mi familia solo me he encontrado desprecio y oídos sordos. Pero no por parte de los que han causado esta situación, sino por parte de mi propia familia. Cada una de mis sugerencias ha caído en oídos sordos, y cada uno de mis movimientos ha sido frenado en seco. En cierto modo es natural, tienen a un soldado por hijo y esperan que en esta situación me limite a cumplir ordenes como he hecho siempre. Pero no, yo solo cumplo ordenes de mis superiores, de aquellos que reconozco como mis superiores y a los que he jurado lealtad. En este momento de la vida yo estoy en una posición mucho más elevada que ellos. Tengo ideas, tengo propuestas, tengo la voluntad de hacer algo y el poder para hacerlo... pero me atan las manos y me amordazan. ¿Cómo responder a tamaña estúpidez? Con una simple solución, de un solo tajo, cortar por lo sano, o más bien por lo enfermizo, cortarme las ataduras y todo hilo que alguna vez me uniera a ellos y largarme. ¿Para qué esforzarse en defender a quienes no desean ser defendidos? ¡Al infierno con ellos!

Mi capitán está al tanto de todo. Me ha acompañado junto con dos compañeros a recoger mis pertenencias en mi casa y las hemos trasladado al cuartel más próximo a la torre, donde ahora vivo con mis compañeros. Mi casa está ahora en venta y aunque ellos tienen la llave, que entren, solo encontrarán una casa vacía. Han venido a buscarme al cuartel, pero se les ha prohibido el paso como a todo civil, y a los pies de la torre, en la puerta, me comentan mis compañeros cuando suben a verme que se les ve merodear de vez en cuando por la zona y preguntar por mi. Está claro que no captan las indirectas, que no deseo volver a verlos. Tarde o temprano llegará el confrontamiento, no voy a pasarme toda la vida ocultándome en esta torre, regresando cada noche al cuartel disfrazado de clérigo, bajo un viejo hábito y una capucha. El enfrentamiento vendrá, pero esperaré un poco más, a que se me calme un poco el inmenso malestar que ahora siento y contratacar con la sangre más fría posible. Todo combate justo es aquel que se realiza en igualdad de condiciones, con las mismas armas... pues aprenderé a usar el frío contra su gélida frialdad.

Primero de noviembre, cortando... con todo aquello en mi pasado que solo me trae sufrimiento, incluso con partes de mi ser que no quiero volver a ver, automutilándome, esculpiéndome un corazón nuevo, una nueva mentalidad, menos permisiva con los que no me merecen.



Mascarada

De mi más funesta máscara
te hiciste una copia
de cuerpo entero,
para esconderte, no refugiarte,
no podrás jamás.

Porque tú eres su escudo,
y ella tu verdugo.

1-11-2008


N. del A.: El poema no tiene nada que ver con el tema. Lo escribí hace hoy justo un año y lo tenía oculto. Solo coincide con el tema en que lo escribí en un estado de malestar parecido al actual y que entonces también cortar pero con otro tema, más o menos parecido. Aquí queda el poema, para la que lo entienda.
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