domingo, 26 de septiembre de 2010

Soy.



Soy un ente extraño, lo reconozco. Indago sospecho que demasiado sobre la naturaleza humana para luego aplicármelo a mi mismo y tratar de entenderme de alguna, de cualquier manera posible. Pero mis propios esfuerzos no son suficientes. El espejo solo me muestra mi reflejo, mi interpretación. Luego está lo que ven los demás, normalmente más acertado de lo que soy capaz de verme a mi mismo.

Me he pasado media noche preguntándome quien soy y quien no soy. Pensé que lo tenía totalmente claro, quien soy, quien aspiro a ser y la conversión de ese insalvable ánimo en gran salto que aún en ocasiones me da miedo a realizar. Quien no era lo tenía totalmente claro, hasta que me han hecho ver que mis acciones y mis creencias internas difieren, que a veces me comporto no solo como quien no soy sino incluso como con quien NO quiero ser.

No soy un santo, en mis ojos lo podéis ver. No soy un ángel, pero tampoco soy un demonio. Siguiendo la ética aristotélica me planto en el punto medio. Soy un 50% ángel, 50% demonio. He de aceptarlo, asumirlo y contrarrestarlo. No siempre hago lo correcto y ni siquiera me voy a excusar en que el mal que hago lo hago involuntariamente o porque no tenga más remedio, porque no siempre es así. A veces actúo mal con pleno conocimiento de la incorrecta metodología de mis actos y sin enmendar el curso de los acontecimientos hasta que me llega el oportuno palo.

Hay maneras y maneras de comportarse. Si me veis actuando en mi modo 50% de ala oscura y membranosa no dudéis en darme el palo, sin importar siquiera que no sea a posta, aunque tan solo sea porque soy tan tonto como para tropezar mil veces en las mismas piedras. Siempre os estaré agradecido. Yo solo no puedo construirme a mi mismo. Con vosotros si.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

¡Toc, toc! Hola, ¿hay alguien ahí?


¡Toc, toc!
Hola, ¿hay alguien ahí?

Pues eso, que estoy mirando las estadísticas de esta humilde página y veo que posiblemente haya sido el día con mayor número de visitantes hasta la fecha, 14 (si, lo sé, es un número de visitas ridículo). Lo que me parece altamente raro es que ese dato se haya dado precisamente un día en que no he publicado nada. Lo último fue de hace dos días. Además las visitas no vienen acompañadas de ningún comentario y más de la mitad de ellas tienen su origen en Sevilla, ergo seguramente me conocéis incluso en persona, habéis tenido ese (dis)gusto.

El cuento de decir todo esto no es que realmente me importe en absoluto, yo seguiré escribiendo por acá aunque haya cero visitas y los comentarios habituales (uno o dos al mes a lo sumo) o ninguno, me traen esas cuestiones completamente sin cuidado. Pero digo yo que no le voy a pedir a visitas tan raras (pero raras de cojones) como el CSIC o el Ministerio de Defensa en Madrid que digan qué diablos estaban haciendo por aquí, pero al resto, compatriotas sevillanos, queridos invasores huéspedes de estas líneas, bien podíais dejar una marquita en plan lavabo de instituto (yo estuve aquí) o mirar la sección de agenda y chocar conmigo (por las buenas y sin empujar, eh) en algún sitio.

Si no, pues nada, seguid desfilando en plan anónimo por las estadísticas, que aquí no hay que pagar peaje.

Cuestión aparte ya que estoy metido en faena y ha surgido esta excusa tan mala de las visitas para escribir algo hoy... voy a estar una temporada sin gafas porque he notado que cada vez veo menos, incluso con gafas. Aunque me suena raro incluso a mi mismo estoy empezando a pensar que se debe a que con las gafas no fuerzo a la vista y debo entrenar la vista de tanto en tanto. ¿Qué tal me veo sin gafas? Yo me veo estupendo. No, abuela no tengo.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Uni-verso nº 2. Jesús Madroñal.




Uni-verso nº 2. Jesús Madroñal

Soy la viva imagen de mi peor enemigo.
El metro se queja en cada curva,
rechinando grave, acusando las heridas
que la pluma causa sobre el papel.
Alzo la mirada en el túnel, a oscuras,
el cristal arroja el reflejo de mi enemigo,
el que se dedica a sabotearme
a diario tentándome a no escribir
ni una sola letra,
el practicante de seppuku
a completas sabiendas de que es a mi
a quien convierte en ceremonial cadaver.
Él, me mira con rostro siempre cansado,
me incita a detenerme en esta línea.
Y yo, bajo la mirada,
concluyo el poema.
Comienzo el siguiente.

19-9-2010
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jueves, 16 de septiembre de 2010

Tatuaje.



Tatuaje

Ella era un torso en blanco
pulido en la oscuridad de sus madrugadas,
un curvado símbolo de interrogación
con el que escalaba cumbres
o en el que se ahorcaba según el día.
Era una dubitativa intermitencia,
ahora si,
ahora no,
ahora respiro,
ahora me asfixio en una vana inexistencia.
Ella era bella sin saberlo,
era observada, una guía, un faro
para los marineros perdidos,
mas se empeñaba en mirarse el ombligo
a todas horas cuestionándose
si la vida era premio o castigo.
Y es ambas cosas, o solo una,
la que se elige,
la que se escribe sobre la piel.

14-9-2010
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martes, 7 de septiembre de 2010

Añorando.



Añorando

Lo juro,
con la mano sosteniendo un nacho
sweet chilli empapado en picante salsa
de jalapeños.
Estoy echando de menos
los frijoles, las enchiladas,
aquellas endiabladas mezclas rojas y verdes,
los chilaquiles, el pollo con negro mole,
poblano, siempre poblano.
El placer en cada bocado,
las quejas de mi estómago,
seguir devorando y disfrutando.
Las tortitas de maíz con carne árabe,
aquella primera cena,
y aquel par de quesadillas
de última cena,
esas también, por supuesto.
Por echar de menos echo de menos
hasta la ración de cactus con tequila
que me zampé en Teotihuacán

(ahora sé lo que me sentó mal).
El agua de tamarindo con mucho hielo
servido en copa grande
a orillas del Pacífico,
aquello sin nombre que desayunaba
y que también picaba, como todo.
Aquellos otros platos callejeros
cuyos nombres jamás aprendí.
Lo delicioso no los necesitaba.
Me quedé, eso sí,
con ganas de catar el burrito
y el sushi,
me dijeron que allá era excelente.

Apuré entonces mi tiempo a grandes tragos,
ahora, repatriado a la cotidianidad de mis jornadas,
añoro mucho más de lo que imaginas.

7-9-2010
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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Diario del centinela, capítulo XX: Justo juez.


... Pensaba no escribir nada, tan solo dejar tres puntos suspensivos que irían poco a poco perdiendo sentido en mi recuerdo, hasta que todo se diluyese completamente en el olvido. Pero tras pensármelo dos veces, como debería hacer, concluí que era mejor dejar algo más concreto, concederme el placer de la pluma, pero sin entrar en detalles.

De mi amada solo diré que no funcionó. Como escribí hace tiempo, el amor es cosa de dos, no de uno solo. Yo puse la parte que me correspondía pero no hubo eco. Punto. Tras atender ese asunto me retiré el resto de mi estancia al formidable fuerte de San Juán de Ulúa, en Veracruz, aún en plena construcción, tanto fuerte como creciente polis. Aprendí y disfruté mucho durante mi estancia. Los arquitectos que vinieron conmigo traían ideas innovadoras que ansiaban poner en práctica en emplazamientos de nueva planta. En el Viejo Mundo no les era apenas posible. Los antiguos castillos se reconstruían o se abandonaban en ruinas dependiendo de la urgencia militar. Había pocas nuevas fortificaciones y las que había estaban en manos de viejos arquitectos que hacían las construcciones a la manera de sus antepasados. No había miedo a los nativos que llevara a idear nuevas formas de defensa, tan solo era curiosidad y precaución. Cualquiera de nuestros enemigos del Viejo Mundo podía hacer el mismo viaje que nosotros y atacarnos. En ese caso se encontrarían con fortalezas de tamaños y capacidades muy distintas y superiores a las que estaban acostumbrados a asediar. Esta en concreto no está solo hecha de piedra, sino del mismo coral sobre el que está construida. Un cinturón de coral la rodea y la protege, así como da cobijo contra la intemperie a los barcos que nos aguardan amarrados.

Me reencontré con viejos compañeros de instrucción en el fuerte y campamentos aledaños. La vida allá les había cambiado por completo. Eran más felices, eso no lo voy a negar. Aquella tierra era fácil de conquistar y defender, nada que ver con las presiones que aún sufríamos en la tierra patria. Me resultó muy tentadora la indecorosa proposición de quedarme a vivir allá, pero ya nada me ligaba a aquella tierra. Mi corazón y mi alma habían residido allí por un tiempo, pero ya reunidas de nuevo todas las piezas de mi ser no tenía ningún motivo para no regresar a mis quehaceres en mi hogar. Creo que es la primera vez que nombro a mi ciudad natal como “hogar”, pero es así como la siento ahora. Mi labor de centinela se ha visto reforzada. Nunca fue una obligación, es ahora mucho más que una labor, es una fervorosa devoción hacia mi sino libremente elegido.

Me traigo también de vuelta una curiosa reflexión. En la capilla del fuerte hay una imagen de Cristo Juez. Me resultó divertida y amarga esa afirmación. Divertida, porque de ser Cristo un juez sería tan perfecto que los centinelas como yo no seríamos necesarios (ojalá nadie tuviera que empuñar nunca ningún arma); amarga porque, de ser cierto, mi balanza personal está bastante desequilibrada. Muchas fechorías tendría que hacer para hacerme justo merecedor de los infortunios que me asolan. Ya pensaré en algunas cartas bajo la manga para cuando me consienta alguna bellaquería contra quien se la haya ganado. Mientras tanto, de regreso al hogar y a mis deberes.

Mi sitio está en el Viejo Mundo...




Dieciséis veinte dos

Yo solo sé que hay sangre
latiendo en corazones muertos,
cadáveres centenarios que aún respiran,
gritos blasfemos de cuerdos
y locos que callan verdades como puños.

2-9-2010
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