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martes, 8 de junio de 2010

La mañana del final y el principio.

Al abrir los ojos por segunda vez miré el reloj en su atípica posición de siempre. Aún no eran las nueve de un festivo local. Pensé en levantarme y empezar las mil tareas pendientes que me había impuesto. Mi cuerpo se quejó, pero no físicamente. La costumbre, la puta inercia de miles de mañanas se quejaba. Para mi cuerpo aquella mañana era como la de cualquier sábado y domingo y podía permitirme la licencia de seguir enredado entre las sábanas todo el tiempo que quisiera, hasta que mi propio cuerpo se cansara de descansar. Pero me negué...

La inercia, lejos de rendirse, me tentó con darme la vuelta y seguir durmiendo otra hora más (por lo menos) o al menos, si me iba a levantar de la cama, dedicar la mañana a no hacer nada. No estaba dispuesta a claudicar a la idea de tareas en un día festivo.

Me levanté, habiendo dormido seis horas, desoyendo a todas mis quejas internas. Me detuve, extrañado, en medio de la habitación. Así que esto era el final y el principio... No estaba muy seguro de que fuera a gustarme. Solo había una manera de averiguarlo. Abrí la puerta y salí a mi mundo.
Safe Creative #1006036496809

domingo, 6 de septiembre de 2009

El paciente de la sala 5.

El paciente de la sala 5
Ocurrió anoche, no podría precisar la hora exacta, las cinco y algo de la madrugada marcaba el reloj de la mesilla. Salí mareado de mi habitación, asfixiado por la inusual alta temperatura. El frescor del pasillo me alivió un poco, llegué a la cocina y tomé unos cuantos sorbos de agua fría. Ya refrescado y medianamente despierto desandé el camino hacia mi cama. Al asomarme al pasillo se veía al fondo mi habitación y su luz naranja se me antojó rojiza por unos segundos, como si algún infierno se hubiera desatado allí dentro. Entré en mi pequeño horno, me tumbé en la cama y me di cuenta que el paciente de la sala 5 era yo con la excepción de que aquella noche, aquel 5 de noviembre, fue su piel la que ardió y en mi caso es mi alma la que arde cada noche.

Fotograma tomado de la película V de Vendetta.
Safe Creative #1004015886887

miércoles, 8 de abril de 2009

Miradas de reproche.

Ocurrió en el gimnasio, en clase de ciclo, de spinning o como se la quiera llamar. Me aburría, calentábamos, no sabía a donde mirar. Mi mirada recorría la estancia recorriendo hasta el más mínimo detalle, una ventana, una luz negra, una bola de discoteca, un espejo, el monitor ajustando su sillín, una ciclo vacía, una camiseta ajustada... Al mirar a la derecha mi mirada se topó con la de otra persona, y la seriedad pintada en su rostro me hizo volver la vista al frente. Mas, de repente, que vergüenza de haber apartado la mirada asustado como un niño o como un perro apaleado y que extrañeza de sentir que ya había visto esa mirada antes. Medio enfadado conmigo mismo volví a mirar a la derecha, para toparme con mi reflejo en un espejo mural, mirándome medio enfadado. Le dirigí mi mirada de reproche, por haberme asustado, y él me devolvió la suya, por no haberle reconocido.

-¿Pero cómo iba reconocerte? ¡Mírate! Eres una veintena de kilos menos, un cuerpazo en proceso, unos pelos a lo melena de león o a lo fuego desbocado que una vez tuvieron incluso nombre propio, una voluntad reflejada en cada pedalada, una mirada penetrante capaz tanto de ternura como de desdén, una seguridad desconocida, una resiliencia... ¿Cómo iba a reconocerte? Puedes parecerte a mí, lo reconozco, tienes un aire... sobre todo en el blanco de los ojos... No, no te reconozco. No puedo reconocerte. Nunca antes te había visto. Eres un extraño con mi mismo nombre, pero no mi mismo rostro, mi mismo cuerpo, mi misma mente, ni mi mismo espíritu.

-¿No sabes quién soy?. Tan solo un reflejo en un espejo mural. No hay un yo, nunca existió, solo hay un tú, el que ves, el que sientes en cada pedalada, esforzándose, cavilando, aún dudando, aún vacilante, aún a medio camino. Pero te toparás con más espejos y borrarás la sorpresa, la incredulidad y el reproche de tu mirada, y sonreirás... Disfrutaré del camino.
Safe Creative #1004015887204

domingo, 15 de marzo de 2009

Dudas de nevera.

Los amigos (mil gracias a ellos) me enseñaron a no encerrarme en el pasado, que es lo mismo que decir a no encerrarme en tu recuerdo, a seguir adelante ignorando el dolor en la medida de lo posible. Pero hay noches como esta en que me asaltan dudas de nevera, como las bautizó Alfred Hitchcock. Son ese tipo de dudas que a él le llegaban a las tantas de la madrugada, cuando se levantaba de la cama, llegaba medio tambaleándose hasta la nevera y mientras bebía se le venían a la cabeza ideas como en esa escena, ¿cómo porras llegó el prota montado en la moto si se había quedado sin gasolina tres escenas antes? No me vienen demasiadas dudas de nevera. Sabes muy bien que una vez que me quedaba sopa, solía quedaba quedarme en letargo toda la noche, a menos que me despertara muy ocasionalmente, o que me despertaras tú en alguna de tus seis o siete alzadas nocturnas.

Obviamente, a él le venían dudas sobre su pasión, que era el cine. A mí no me vienen dudas sobre Linux, hardware o poesía, en contra de lo que puedas pensar. Me vienen dudas extrañas sobre el amor. Y en esta noche, en la que me he levantado a las tres de la mañana, me he tambaleado a oscuras por el largo pasillo, he llegado a la cocina y sin encender la luz he abierto la nevera y he bebido agua fría a cortos sorbos... me han venido varias dudas... ¿Acaso soy yo el único que hecha de menos aquellas noches en pareja, aquellos paseitos hacia la nevera pasando frío para traerte agua y que no tuvieras que levantarte, aquel dormir acurrucados, con tu cabeza en mi pecho o abrazándote yo por la espalda? ¿Soy yo el único que ha pasado frío TODAS las noches de estos seis últimos meses? ¿Soy yo el único de los dos que de vez en cuando deja una marca de lágrimas en la almohada? ¿Soy yo el único que piensa que no está bien lo que pasó?

Y me respondo, despierto, de camino, primero al ordenador a escribir estas lineas en caliente, y luego de vuelta a la cama SOLO. Sí, yo soy el único que hecha de menos aquellas noches en pareja, el pasar frío por alguien que me importaba (y a quien parecía importarle), el abrazarte con firmeza y con ternura, el sentir tu respiración pausada y los espamos involuntarios de tu cuerpo cuando te quedabas dormida antes que yo, y sonreía, y le pedía al Cielo que el tiempo se detuviese para siempre, que nos dejase atrapados en ese momento. Si, yo soy el único que ha estado pasando frío TODAS y CADA UNA de las noches de estos seis últimos meses, y las que me esperan. Tú siempre has tenido peluches y máscotas con las que sustituirme. Sí, soy yo el único que llora amargamente de tanto en tanto, y no me causa vergüenza admitirlo. Y sí, soy yo el único que piensa que lo que pasó fue horrible, fue atroz, fue cruel, y no debió suceder, no de esa manera...

Me vuelvo a la cama, solo, a acurrucarme, a hacerme un ovillo bajo mantas y sábanas, a seguir pasando frío. Pero mejor este frío a tu frialdad...
Safe Creative #1004025895978

viernes, 7 de noviembre de 2008

Oscurecimiento.

No entiendo porqué estos días oscuros sin lluvia son tan propicios para mi propio oscurecimiento. Mi espíritu retrocede, se esconde tembloroso tras su máscara, y mi cuerpo, cabizbajo tras otro café. Vale que este ambiente me traiga la remembranza de viejas heridas, traiciones, desaires, noches en vela, sueños rotos, pésimos poemas y otras alegrías varias. Pero al fin y al cabo todo eso no son más que golpes de la vida, cicatrices a exponer sin temor e incluso con orgullo, en lugar de tratar de esconder en vano, demasiado en vano... No entiendo esta tristeza.

Hay años del pasado que son como
una frase tachada, años que duelen
de una forma imprecisa.

Al poco llega la lluvia, las lágrimas del cielo que limpian mi espíritu recorren frías la sonrisa nueva de mi rostro. En mi corazón vuelve a latir el fuego.


17-9-2008
Safe Creative #1004025896401