miércoles, 27 de enero de 2010

Diario del centinela, capítulo XIII: Hora cero.

Hora cero

Empezaré dejando claro que esta página del diario no la narra hoy el centinela, sino el creador del centinela, autor y artífice de sus aventuras y desventuras que son, en parte, también mías propias.

Es un día especial, hoy cumplo 28. Cumplir años no tiene porque ser especial, pero yo le di ese caracter especial a este en concreto hace un año, cuando escribí una entrada en este blog llamada 27+27+27. No te voy a distraer haciendo que la leas ahora. Leela luego si te apetece, que ahora mismo te voy a ir haciendo un resumen mientras voy dando una serie de explicaciones.

Primera explicación, ubicación del centinela sin nombre. Pues al pobre lo tengo descansando en un catre en el cuartel, herido y enfermo. Él se lo ha buscado. Desde que empezó el año y viendo que el plazo se acababa se ha lanzado a las calles, bajo la fría lluvia a enfrentarse a corta distancia, cuerpo a cuerpo, cara a cara, tratando también de emular a Cupido, fallando todos los disparos y siéndole devueltos todos los mandobles. Ha acabado bastante resfriado, agotado y malherido, por no hablar del cabreo que lleva encima. Pensaba que le faltaba audacia y se lanzó a una vana ofensiva final, a darle pleno sentido a aquel grito de todo o nada bajo el cual nació.

Otra razón por la que no está el centinela es porque no me fio de él. Su ansia y desesperanza no solo lo han convertido en un temerario pendenciero, en una amenaza para mi, sino que incluso he visto como en él ha germinado un rencor y deseo de venganza contra quien le asesinó en su momento, no hay más que ver los Bloody Haikus que ha compuesto recientemente, dos de ellos ayer mismo. La luz y la oscuridad de su corazón se han desequilibrado y ahora es más tinieblas que centinela, más ofensor que defensor y es algo que no puedo ni debo ni quiero consentir. No me importa si a mi centinela se le cierran o no las heridas, estará preso hasta que regrese a su equilibrio natural. Eso no implica que no vaya a ver más diario del centinela. Lo habrá en cuanto el centinela recupere la cordura y deje de destrozarse la cordura atacando molinos. Mientras tanto supliré la esencia épica y medieval con mis poemas, lo cual será a su vez todo un reto personal.

Volviendo al capítulo de este mes, hoy es la hora cero. Hay días que tengo la convicción de que lo que escribo se convierte en realidad, y hoy parece ser así. Hace un año dije que me adentraba en un año en un año de ilusiones y desilusiones, en un utópica cruzada en pos del amor y así ha sido, ese es un buen resumen para el año que ha pasado. Dije, escribí también que si llegaba a los 28 sin resultados tendría que aceptar que el amor se escapa de mis manos y abandonar su búsqueda. Así también ha sido. Nada más empezar el año y tras recibir malas noticias en lo emotivo me quedó claro que en estos 27 días restantes no iba a conseguir nada, independientemente de la intensidad, la audacia y la picaresca que usara en lo que me restaba de tiempo. Reconozco que el amor se me escapa por completo. No se atiene a reglas, tácticas, esfuerzos ni valentía. No hay estrategias ni argucias que valgan, todo es en vano, y es por eso que abandono mi empeño y mi arrojo. Si me quieren, que me encuentren.

Con eso llego al último punto de mi controversia escritura-realidad, el punto alegre y feliz. Al igual que llegué a los 27 y mi vida no era lo que me había imaginado, he llegado a los 28 de una manera que no había imaginado. Me imaginaba desesparanzado y desilusionado, lacrimoso, renegando por completo del amor, negando por completo su existencia, cabizbajo planeando un resto de existencia, que no vida, en completa soledad, tras comprobar en la práctica que puedo arrastrar una subsistencia de días sin amor y noches de sábanas frías. Pero tal y como escribí, curiosamente la vida es tan jodidamente puñetera como para que el amor aparezca precisamente cuando había renunciado a él por segunda vez en mi vida, convirtiendo ¡aleluya! a mi imaginación en una embustera.

Una antigua amistad a la que entonces, cegado por un fútil amor, no le presté la atención debida ha entrado en mi vida de manera totalmente inesperada mientras yo pensaba en como darle el tono más triste y melancólico posible a estas líneas. ¡Bendita sea la contradicción, que al final todo salió al contrario de lo que pensaba pero tal y como lo escribí! Tal vez no debería hacerme ilusiones, ella está lejos, demasiado, puede incluso que cuando la distancia sea cero no pase nada, no se inflamen nuestros corazones, pero en estos meses he aprendido que sin ilusión no se puede vivir. En mi vida ya no hay sitio para la desilusión, disfruto cada día con una sonrisa. Su cariño y su ternura, aunque lejana, me ha demostrado que el amor siempre es posible. No sé que me depara mi vida, que no mera existencia, no sé si realmente volveré a disfrutar o no del amor en sentido pleno. Solo sé que mi objetivo en este vida es compartir este amor que me desborda con la mujer adecuada y para ello dejo mi corazón abierto de par en par, sin miedo ninguno. Que entre en él la personita que tenga que entrar, a ser posible, ella.

En esta hora cero firmo otro fin y otro principio, y vuelvo a dejar el cuaderno y el boligrafo sobre la mesilla, por si este atontado de 27 años escribe en sueños alguna frase que deba leer mañana un esperanzado de 28 años.


Ah, el poema correspondiente a este diario del centinela... pues ya que no está el centinela pondré algo de Mesanza, uno de sus remedia amoris, por ejemplo:

REMEDIA AMORIS II
Los soldados asirios nunca amaron.
Así se afirma en un tratado antiguo.
Si no te sirve el caso, a mí tampoco,
pero deja el amor para mañana.
Si desprecias la guerra, no guerrees:
dedícate al estudio, por ejemplo,
hay campos no trillados todavía:
el imperio kitán, Sarai quemada,
la diplomacia escita, el Siglo Oscuro,
pero deja el amor para mañana.


P.D.: Por si realmente todo sucede tal y como escribo... ¡que desaparezca el oceano, que se hagan añicos el tiempo y el espacio, que se inflamen nuestros corazones cuando la distancia sea cero, que lo será, y que saboree el amor de mis labios mientras yo lo disfruto de los suyos! Ut sit!
P.D.2.: Releyéndome a lo mejor da la idea de multple personalidad, pero no es así. Pessoa decía que el poeta es un fingidor. Yo acepto esa idea y por ello uso diversas máscaras a la hora de escribir.
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