lunes, 5 de abril de 2010

Palabra de Chesterton (VIII)

Cuentan que cuando los ejércitos de Napoleón se vieron en grandes dificultades durante su larga defensa de la democracia, utilizaron el plomo que había en las iglesias para hacer sus balas. Es este un símbolo muy accidental, pero también muy perfecto de la Revolución Francesa. Los mismos disparos que hicieron pedazos el viejo orden salieron precisamente del viejo orden. La democracia no era más que la realización de unas ideas en las que se había creído durante siglos: la divina justicia y la dignidad del hombre. Del mismo modo que los jacobinos lo habrían pasado mal sin el pesado plomo de las iglesias, también lo habrían pasado mal sin los pesados dogmas de la Iglesia. La verdad, la misericordia y el honor son los mismos en todas partes. La sustancia siempre está ahí y nunca puede ser alterada. Sin embargo, hay una gran diferencia entre que permanezca hierática e inmóvil en las iglesias y sea bruscamente escupida en disparos.

Extraído de Lectura y locura, págs. 220 y 221, artículo El amor al plomo, 2008, Ediciones Espuela de Plata.

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