domingo, 4 de abril de 2010

Diario del centinela, capítulo XV: El contrario.


Yo no quiero sangre en mis manos y en mis ropajes, pero me crearon así, centinela, porque una vida sin épica me resulta insulsa.


Es curioso estar hérido y privado de libertad. En la inmensa soledad del catre y fervor febril pasaron por mi mente ideas a cual más extravagante, como que yo no era más que un personaje de ficción sin nombre, viviendo una vida más o menos paralela a la de mi creador, un escritor novato que suele escribir mensualmente (y normalmente tarde) un diario usando mi voz y mis palabras, el diario del centinela. ¡Purita locura! Aunque ahora que lo pienso... jamás he mencionado mi nombre en ninguna entrada de mi diario... diré entonces, por si acaso fue algo más que un sueño y alguien está realmente leyendo las líneas de mi vida, que mi nombre es Alastair Longinus.

Hay una teoría que dice que uno no puede saber como es por mucho que se mire en un espejo, sino que uno averigua como es en relación con los demás, o contra los demás. Nos definimos a partir de las similitudes con otras personas y de las diferencias con esas mismas o con otras personas. En el caso de los pueblos, se identifican en relación a un idioma y unas costumbres comunes, en contraposición a las de los demás. Las guerras son, en realidad, choques de personalidad a una escala mayor. En el otro pueblo no vemos amigos, vecinos, compañeros, ni tan siquiera a extraños, sino a contarios, adversarios, enemigos. Se produce el evitable choque en el campo de batalla, y una de sus principales consecuencias es que las diferencias internas de cada bando se diluyen, se identifican a si mismo de una misma manera en contraposición a los otros que se les oponen.

En mi caso he tenido guerra interna. Para saber realmente como soy y entender las causas por los que mi crea... capitán me ha privado de libertad y retirado del servicio durante un par de meses he tenido que juzgar mis actos en contraposición a los de otro, un contrario. Llegó con el capitán de su conclave, un tipo un tanto peculiar, demasiado silencioso incluso para un centinela, o será que estoy demasiado bien o mal acostumbrado a Paulo y su bendita o máldita manía de no estar nunca callado. El caso es que su ausencia o presencia de palabras me traía sin cuidado, eran sus hechos fácticos lo que me alarmaban y así se lo hice llegar a mi capitán. Él me ignoró, supongo que aún desconfiando de mi, y argumentó que no debía dejar que mi rivalidad interfiriése en nuestro deber. Se equivocaba, no era rivalidad. Un rival es aquel que compite contigo para alcanzar un mismo objetivo. La rivalidad es sana y siempre la he mantenido con todos mis compañeros. Nuestro objetivo de centinelas es sevir a la gente de esta ciudad, no servirnos de ellos, así que no había rivalidad, no podía haberla. A todas luces era mi perfecto contrario.

A pesar de todo me ha venido bien conocer a alguien así, pues no solo se aprende del buen ejemplo, sino también del malo. Lo malo es que nunca antes me había topado con alguien así y carecía por completo de armas con las que enfrentarme a la situación. Dando un enorme, temerario y descuidado palo de ciego saqué a la luz parte de sus hechos consumados en espera de alguna respuesta por su parte, realmente brillante, concisa. No me importaba que la luz de su verdad me convertiese  en un idiota obcecado a la vista de todos. Si me había equivocado me habría equivocado y punto. Me habría anotado otra derrota personal y habría enmendado todo daño causado, mas solo verborrea acudió como respuesta...

Pocos días después, Julián solicitó el traslado y se volvió por donde vino. A mi capitán le pregunté porqué no había hecho nada salvo autorizar el traslado. Aparte de las lecciones aprendidas me enseñó una más, y para colmo bíblica, con lo mucho que los que conocemos la sangre desdeñamos a las divinidades. Me dijo que nos está prometido el ciento por uno en esta vida y la vida eterna para después de ella. El ciento por uno de lo que damos en vida se nos devuelve en vida. El ciento por uno de creación se nos devuelve, el ciento por uno de destrucción, también. Aquellos que desdeñan la senda de la creación y optan por la senda de la destrucción recibirán el ciento por uno de la devastación orquestada. Por lo tanto, tiempo al tiempo.


Tiempo

Inexorable el cuarzo
marcará el ritmo
de los segundos, minutos, horas,
días, semanas, meses...
su monótono monólogo
de molestos momentos,
hasta que paren las agujas,
no por falta de pilas, de cuerda
o rotura de algún engranaje.
No, se parará de forma natural
marcando las muerte en punto.
El tiempo habrá cerrado las heridas,
limpiado las mentiras
y la sucia, indecente,
indecorosa y vergonzosa verdad
te devolverá el golpe,
poniéndonos a cada uno
donde debemos estar.

12-8-2009 Barcelona


P.S.: La imagen que encabeza esta entrada del diario es Moros de Davao luchando con kris y kampilan. Mindanao, Sur de Filipinas. Pintura de Nicéforo Rojo, S. XX, Museo Oriental, Valladolid. Por mi bien espero que no tenga copyright.
P.S.2: Yo no quiero tinta en mis manos y en mis ropas, pero así me creé y me creí, escritor, porque una vida on the rocks me resultaba fría, demasiado fría, mas estoy tentado a pensar que hay demasiado fuego en mi. Tal vez debería aprender de una vez de todas las lecciones que me va dando y recordando continuamente la vida y procurar ser más templado, como el acero.
P.S.3: Mientras escribía todo esto (menos el poema que ya tiene su tiempo) he estado escuchando continuamente esta canción: Globus - Crusaders Of The Light. Llevo más de una hora con los pelos de punta.



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