domingo, 15 de marzo de 2009

Diario del centinela, capitulo II: prácticas de tiro.

Si, ya sé que dije que iba a ser mensual, pero ya que me falta el de enero... aprovecho para estas prácticas de tiro.

Cuando la quietud y el silencio de mi casa me derrota no voy a las tabernas como el resto de soldados aburridos. No, voy a entrenar con el arco. No es mi puesto, no soy un arquero. Solo soy un simple centinela a pie de puerta. No necesito un arco para mis tareas, aunque nunca han faltado en la torre cuando estamos de guardia. No me pusieron ningún impedimento el primer día. El sargento instructor de turno simplemente me preguntó mi nombre, mi graduación y si realmente tenía interés en aprender a disparar. Acto seguido me enseñó todo lo que tenía que saber y ahora entreno solo, a cualquier hora, a deshoras, al alba y al ocaso cuandos mis turnos me lo permiten, descansado y al borde de la extenuación. Algún estúpido capitán incluso ha alabado mi tesón ante el resto de la tropa, y difundido la idea de que entreno en lo que no me pertenece porque quiero ser un maestro de armas.

A veces me pregunto porqué ciertas personas alcanzan puestos para los que no están capacitados. Si quisiera ser un maestro de armas es obvio que estaría entrenando no solo el arco, sino también el arco a caballo, la lanza a pie y a caballo, y sobre todo la esgrima, que es lo que me corresponde junto con la lanza a pie debido a mi puesto. Tengo mi entrenamiento descuidado, salvo este del arco a pie, hace meses que no monto a caballo y aunque la lanza a pie sí la domino, la espada... bueno... en el enfrentamiento cara a cara sigo siendo un auténtico novato. No, no quiero ser un maestro de armas. Me gustan las armas, mataría con ellas de ser necesario, es mi profesión, pero no mataría por ellas, no son mi pasión. Los amigos saben todo esto, piensan que solo es una afición, que me aburro y ocupo el tiempo de alguna manera. Pero en realidad, estas prácticas de tiro no tienen nada que ver con entrenar, con ser maestro de armas, con aburrirme o con matar el tiempo. En realidad, no es más que otro de mis absurdos sentimientos que de vez en cuando simbolizo de esta manera.


Prácticas de tiro

Practico,
día y noche,
tenso la cuerda,
apunto,
aprieto los dientes,
aflojo los dedos,
y la flecha golpea de nuevo
el centro de la diana.
Ya que él no dispara
flechas con mi nombre grabado
al corazón de las féminas,
yo practico
hasta la extunación,
hasta que mis hombros caen
y me sangran las yemas.
Practico el tiro perfecto,
preparo una flecha con mi nombre
pero no de amor, si no envenenada,
para tí,
para matarte,
¡perezoso Cupido del demonio!

15-3-2009
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2 comentarios:

María dijo...

Cupido siempre es más listo que todos nosotros... los momentos siempre son oportunos...la cuestión es "saber ser" sin "querer llegar" demasido pronto...

Álex "Atanvarno" Ruiz dijo...

En mi caso ya no hay un demasiado pronto, sino una batalla para evitar el demasiado tarde...