SI una noche de invierno llegase a nuestras puertas un poeta, procúrale un cobijo; que tenga trato amable y comida caliente; que le ofrezcan un baño y ropa limpia. Cuando haya descansado, que los nobles le inviten a sus mesas, que cante para ellos y reciba honor y recompensas.
Que las autoridades le inviten a vivir en palacio, encargándole himnos para las fiestas de la ciudad (le asignarán asiento fijo en la presidencia), y sea su salario una partida más en los presupuestos de la hacienda pública. En fin, que la ciudad le cuente pronto entre sus figuras más egregias,
pues ya sabes que para la república nada más peligroso que un poeta.
22-III-97
Poema de Miguel d´Ors Lois publicado en Hacia Otra Luz Más Pura, Editorial Renacimiento, 1999, pág. 35.
Subo este poema por doble alusión. La primera ésta entrada que leí hace poco en la que se habla de que el Departamento de Defensa de los Estados Unidos prohíbe la Poesía pues "representa un riesgo especial". La segunda alusión...
Durante mis estudios tuve la suerte (o la inmensa desdicha) de tener a dos profesores apasionados por el arte de la guerra. Concretamente eran los profesores titulares de Historia Antigua e Historia Medieval. Más concretamente las especialidades del profesor de Medieval eran la Guerra y la Iglesia (confesión la cual nos sorprendió dada nuestra supina ignorancia de la intensa relación entre ambas áreas). Eran sobre todo especialistas en discutir cerveza en mano que Edad había desarrollado tal o cual unidad militar o invento más o menos bélico. Como nunca se ponían de acuerdo acababan insultándose en latín medio ebrios. ¡Que dulces tiempos aquellos!
Con ellos aprendí múltiples anécdotas sobre la guerra, como aquella batalla entre hoplitas (y no estoy hablando de los 300 ni las Termopilas), escudo contra escudo, que se saldó con ¡un herido! tras horas de lucha. Obviamente el bando del herido fue el perdedor. O aquella Cruzada Infantil ya en el siglo XIII, en la que miles de niños de Europa bajaron hasta Niza (Francia) esperando que al llegar al mar éste se abriría en dos como se abrió el Mar Rojo a Moises y pudieran seguir andando hasta Tierra Santa y reconquistarla (el final no os lo cuento pero es previsiblemente desastroso, seguid el enlace unas líneas más arriba si os place).
El resto de profesores de Historia no fueron tan guerrilleros ni tan divertidos (lo siento por los aludidos, la economía me traía al fresco, yo quería sangre), aunque la Historia Contemporánea, el siglo XX para ser más exactos, me dejó realmente asqueado con tanta muerte sin sentido y con alguna que otra anécdota más, como la Tregua de Navidad durante la Primera Guerra Mundial.
Sin embargo ha tenido que ser el ABC del gimnasio el que me ha llevado a una palabra, demostración definitiva de que inteligencia militar son dos términos contradictorios. La palabra es Karánsebes.
Aunque la historia está en Wikipedia me voy a dar el gustazo de contárosla a mi manera. Situaos en un 17 de septiembre de 1788, fines de la Edad Moderna, apenas un año restaba para la Revolución Francesa. En la actual Rumanía, la ciudad fronteriza de Karánsebes se encontraba en vísperas de una invasión turca. Hacia allá se movilizó un ejército de 100.000 efectivos del ejército austriaco. En aquel entonces era norma que los ejércitos estuviesen compuestos por tropas de distintas nacionalidades, e incluso mercenarios. A ningún soldado le gustaba atacar a su propio pueblo en caso de revueltas internas pero los soldados extranjeros no tenían inconvenientes de realizar dichas infames tareas. En este caso las fuerzas austriacas eran en su mayoría italianos, serbios, croatas, húngaros y rumanos. Muy pocos hablaban alemán, la lengua del Imperio.
Los primeros en llegar a Karánsebes fueron los húsares, jinetes húngaros como los que aparecen al principio de este texto. Eran un grupo de vanguardia dedicados a explorar el terreno y eliminar a cualquier turco que hubiera sido enviado con la misma misión. Sin embargo allá no había ningún turco, aún. Tras asegurar la zona y establecer el campamento apareció un grupo de gitanos con la flagoneta cargada de malacatones que vendían aguardiente, así que aprovecharon la oportunidad para comprar unos cuantos barriles.
Los siguientes en llegar fueron los infantes. Viendo el ambiente festivo en el campamento solicitaron su ración de aguardiente. Los húsares se negaron en redondo. Los barriles eran suyos y ante la posibilidad de que a la infantería se le ocurriese alguna estupidez improvisaron barricadas alrededor de los barriles. Comenzó una disputa que acabó con un disparo al aire, supongo que por algún oficial intentado poner orden. El disparo tuvo el efecto contrario. Alguien creyó que el tiro procedía de fuera del campamento, de algún francotirador turco y se oyeron gritos de ¡turcii, turcii!. Los húsares hicieron lo que sabían hacer, subir a sus caballos y buscar al enemigo. Como no sabían donde estaba el enemigo daban vueltas alrededor del campamento tratando de localizarlo. Los infantes, en el centro, iban de un lado para otro tratando también de averiguar donde se hallaba escondido el enemigo. No debía estar lejos puesto que se escuchaban gritos de ¡Alá!, el grito de guerra turco. Estos gritos eran en realidad gritos de ¡Halt! de los oficiales austriacos tratando de detener el caos.
Mientras en el campamento la situación se había enredado sin que aún hubiese llegado la sangre al río ocurrió que más fuerzas austriacas llegaron al lugar. Una sección de caballería vio a los húsares a galope tendido rodeando a la infantería en el campamento y creyendo que era un ataque de la caballería turca se lanzaron a por ellos sable en mano. Al mismo tiempo otro grupo, es este caso de artillería, creyó que la caballería que cargaba contra el campamento eran los turcos, así que abrieron fuego contra ellos.
A medida que iba pasando el tiempo más y más tropas austriacas entraron a la trifulca, todos pensando que los otros eran los malos turcos, todos atacando a todo lo que se movía. Tras horas de batalla los supervivientes se dieron a la huida.
Dos días más tarde, el 19 de septiembre de 1788, los turcos llegaron a Karánsebes encontrándose con un ejército... de 9.000 cadáveres... Habían ganado la batalla sin ni siquiera tener que luchar. ¡Y ya que era viernes y los gitanos tenían aguardiente pues le dieron al bebercio!
Es broma, lo de beber (puede), lo de que era viernes si es cierto. No encuentro nada más sobre Karánsebes, pero he de suponer que consiguieron invadirla dado que está registrado que en aquella guerra los turcos estuvieron derrotando a los austriacos hasta el año siguiente. Fue entonces cuando se enteraron que Austria estaba aliada con Rusia y nada pudieron hacer contra las fuerzas militares combinadas de ambas naciones, sobre todo cuando su aliados, los prusianos, les negaron ayuda alguna. El resto, como se suele decir, es Historia; la historieta y la histeria terminan aquí, no sin antes recuperar también de mis recuerdos un poema del poeta argentino y residente en Madrid, Carlos Salem, titulado Los Malos (en el siguiente vídeo se puede escuchar de viva voz a partir del 1:31).
Los Malos
Cuando era niño y quería ser un héroe todo era muy fácil.
En la tele los comanches eran los malos los alemanes eran los malos y después los rusos eran los malos.
Una muchacha rubia y sudafricana me contó bajo la luna añil de un verano patagónico que los blancos eran los malos y su piel desnuda brillaba bajo el agua del lago como un fuego blanco.
Un viejo de donosti me explicó que los españoles eran los malos. La hermana de otra chica que supuestamente trabajaba en nueva york limpiando escaleras en las torres gemelas sabía que los árabes eran los malos y cuando cae una bomba en gaza los palestinos no dudan de que los israelíes son los malos.
Cuando me hice trotsquista los estalinistas eran los malos cuando robaba coches los policías eran los malos ahora que publico novelas los cabrones que venden millones de ejemplares son los malos.
Sigo queriendo ser un héroe pero por favor que alguien me diga antes de que sea demasiado tarde dónde están quiénes son y si es que existen de verdad los buenos.
Además de Esencias, Donde Habite el deseo y otras publicaciones que pongamos en marcha desde la Asociación Di-Fusión-a2 también vamos a poner en circulación otros productos. La mayoría son manufacturados por nosotros mismos y están en proceso de fabricación aprovechando el periodo estival. Sin embargo hay un par ellos que ya están disponibles. Son:
Camisetas de Engele en negro, naranja y azul, en muy diversas tallas
y
muñecas fimo de Engelke, hechas a mano de principio a fin por Saray Pavón.
Interesados, cotillas y demás etcétera pasen por este enlace. Más novedades próximamente...
Las puntas de flechas que desfiguran el corazón
tallado en tronco de olmo
y este deseo de caos duradero
¡son lo mismo!,
símbolos hijos de una misma ansia mater.